Esta hermosa misión de Juan Bautista es la misión de todo cristiano: dar testimonio de la luz, de las cosas correctas, de la honestidad profesional y de la primacía de lo espiritual sobre lo material.
Cuando un cristiano vive de esta forma, despierta la fe en muchas personas, que se dan cuenta de que hay otro estilo de comportarse, sin ser esclavo del materialismo y de la soberbia.
A la par, la conciencia profunda que Juan tenía de “no ser la luz”, sino testigo de ella. Así también nosotros no debemos querer ser la “luz”, digamos, el superstar y showman en el mundo de las vanidades y pavadas, pero un testigo fiel de que únicamente Jesucristo es el Maestro.
Al dar testimonio de la luz, el cristiano sabe que no es la figura central y que no puede liberar por su propio esfuerzo, pero sabe también que su encargo es necesario y que Dios lo elige como instrumento de su gracia.
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Esta demostración viene del encuentro apasionado con Cristo, a quien siente la necesidad de seguir y de anunciar, aunque Él ya esté en medio de nosotros, pero muchos no lo conocen todavía.
El testigo de Jesucristo ha de ser fiel, y también alegre, siguiendo la sabia orientación de san Pablo: “Hermanos, estén siempre alegres” (1 Tes 5).
El entusiasmo ha de ser el distintivo del auténtico discípulo de Cristo, que manifiesta júbilo, aunque en medio de las inevitables, e interminables, probaciones de la vida.
Esta alegría no es por no tener problemas, o por no sentir dolores y decepciones, sino por confiar en la suprema fuerza del Señor, que jamás abandona a sus amigos.
Además, la ciencia moderna nos garantiza que la alegría y el buen humor son claves para tener salud y para resistir contra infecciones, y tantas otras enfermedades. Y, de esta forma, el testigo alegre de Jesús es más sano y sabe superar los conflictos con más naturalidad.
Sin embargo, el mismo Pablo nos exhorta a que oremos sin cesar, y demos gracias a Dios en toda ocasión, pues es imposible ser testigo de Cristo sin una consistente práctica de oración.
Recordemos que “dar gracias a Dios” es participar de la Santa Misa todos los domingos y, de preferencia, con la familia completa.
Justamente por invitarnos a la alegría, este tercer domingo es llamado de “gaudete”.
Paz y bien