El profeta es ridiculizado

Jesús se dirigió a su pueblo, le motivaba a hacer el bien, enseñaba con extraordinaria sabiduría, sin embargo, era menospreciado por su gente. Por eso proclamó: “Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa”.

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En la acepción popular, “profeta” es alguien que, supuestamente, ve el futuro del otro con una bola de cristal, con naipes, tarot y cosas por el estilo.

La acepción bíblica es completamente diferente, ya que profeta es un hombre invadido por el Espíritu Santo, que da una respuesta generosa a Dios, y muestra con valentía sus criterios, valores y enseñanzas. Se empeña para cumplir la misión recibida, y muchos de ellos sellaron su fidelidad con el martirio.

El auténtico profeta es un regalo de Dios para la sociedad, ya que los vericuetos de la codicia y de los bajos instintos fácilmente desfiguran al ser humano. Es necesaria una voz que llame la atención para los desvíos de conducta, y cuando el hombre se comporta como lobo para otro hombre.

“A solas con Dios, los profetas extraen luz y fuerza para su misión. Su oración no es huida del mundo infiel, sino una escucha de la palabra de Dios y una intercesión que espera y prepara la intervención del Dios salvador” (Catecismo 2584). Pero, lamentablemente, vemos que hoy día algunas personas reaccionan como los nazarenos delante de Jesús y expresan falta de fe y descrédito delante de los mensajeros del Señor. No es raro escuchar algo más o menos así: “Esto es puro viejazo... es miserable discriminación... es ciego fanatismo...”.

Lastimosamente, hay una dureza de corazón que insiste en buscar justificativos para el egoísmo, para el apego perverso a las cosas, la manipulación del otro, y cualquiera que llame la atención para esta clase de esclavitud debe ser ridiculizado. El profeta auténtico no puede esperar muchos elogios de los demás.

La Iglesia, como tal, más de una vez, es tratada como un profeta despreciado, especialmente cuando defiende la vida en todas sus etapas, como es el caso de las pesquisas con células tronco embrionarias, pues esto significa realizar un aborto: el asesinato de un ser humano inocente no puede ser invocado para determinar, supuestamente, un progreso científico.

Todo bautizado también debe tener el coraje de ser profeta, en el sentido de huir de las coimas, de la promiscuidad sexual y de involucrarse en negocios oscuros, aunque esta actitud de honestidad resulte en desprecio e incomprensión.

No hay que temer, pues quien confía en el Señor jamás es defraudado.

Paz y bien

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