El río avisa, la tragedia no

El río no perdona. No distingue entre expertos y aficionados, entre locales y visitantes. Sin embargo, todos los días, hombres, mujeres y hasta familias enteras se suben a embarcaciones precarias, sin chalecos salvavidas, sin las mínimas medidas de seguridad, como si el agua fuera un simple camino de tierra y no una amenaza silenciosa.

Lo ocurrido el último fin de semana en Cerrito no fue una fatalidad: fue una consecuencia anunciada.

La falta de conciencia de quienes deciden embarcarse en lanchas improvisadas, sobrecargadas y sin protección básica es alarmante.

Se navega con la idea peligrosa de que “nunca pasa nada”, hasta que pasa. Y cuando ocurre la tragedia, el luto llega a los hogares y el dolor se instala para siempre en familias que pudieron haberse salvado con un simple chaleco salvavidas.

Pero la responsabilidad no recae únicamente en el ciudadano imprudente. Hay una pregunta incómoda que la sociedad debe hacerse: ¿dónde está el control?

Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy

Estos hechos suceden a plena luz del día, en las narices de los agentes de la Prefectura Naval, quienes tienen la obligación legal y moral de controlar cada embarcación que zarpa, sea para pesca, traslado o cruce de frontera.

Las prefecturas apostadas a lo largo del río Paraná y del río Paraguay no están para decorar la costa ni para actuar solo después de la tragedia.

Su función es preventiva. Controlar que cada persona que sube a una lancha cuente con las medidas de seguridad necesarias no es un favor: es un deber. Cuando ese control falla o se relaja, se envía un mensaje peligroso: que todo está permitido, que el riesgo es tolerable.

Mientras no haya controles firmes y constantes, la historia se repetirá. Más familias seguirán subiendo a embarcaciones sin chalecos, más niños viajarán expuestos, más pescadores desafiarán al río sin protección, y más tragedias se escribirán con nombres y apellidos.

Lo de Cerrito debe marcar un antes y un después. No puede ser solo una noticia más. La conciencia ciudadana debe despertar, sí, pero también debe hacerlo la responsabilidad de las autoridades. Porque cada vida perdida en el río no es solo culpa del agua: es el resultado de la imprudencia, la omisión y el silencio de quienes debían prevenir.

edgar.vazquez@abc.com.py