El centro asistencial atraviesa una situación crítica debido a la falta de equipos médicos, insumos y medicamentos, además de operar en un local visiblemente deteriorado. Desde hace varios años, pobladores, gremios médicos y el personal de salud reclaman la construcción del gran hospital del Este; sin embargo, el proyecto avanza con una lentitud que lleva a pensar que no figura entre las prioridades de las autoridades nacionales.
Quienes acuden en busca de atención médica se topan con esta dura realidad. En casos de urgencia, los familiares deben correr varias veces a farmacias cercanas para adquirir jeringas, agujas, catéteres, tubos para análisis y hasta medicamentos básicos. A esto se suma la ausencia de equipos médicos esenciales, como el tomógrafo, cuyo único aparato se encuentra fuera de servicio desde hace tiempo.
Esta situación dista de ser responsabilidad del personal médico o de las autoridades regionales. Se trata de un problema estructural que debe ser atendido con urgencia desde el nivel central. Resulta inadmisible que la ministra de Salud y las autoridades nacionales sigan dando la espalda a la salud pública en uno de los departamentos más importantes del país.
La precariedad no solo afecta a los pacientes, sino que también expone diariamente a médicos, enfermeros y funcionarios a trabajar en condiciones indignas, con sobrecarga laboral, falta de insumos y una presión constante que pone en riesgo tanto su salud como la de quienes buscan atención.
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Si las autoridades no tienen la voluntad de concretar la construcción del nuevo hospital, al menos deberían dignarse a proveer los recursos básicos para garantizar una atención más humana y digna. Esta exigencia debe convertirse en una bandera de lucha de las autoridades locales, la ciudadanía y los gremios de la salud.
Es lamentable que, cuando una persona busca alivio o solución a un problema de salud, termine enfrentando un escenario aún más crítico que la propia enfermedad. Pese a ello, médicos, enfermeros y funcionarios hacen verdaderos malabares a diario para salvar vidas. Sin embargo, muchas veces la falta de recursos termina siendo más fuerte que la voluntad y el compromiso.
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