San Bernardino abandonada

San Bernardino atraviesa una situación que ya no puede disimularse con discursos ni maquillarse con actos oficiales. La ciudad está mal gestionada y las consecuencias se ven todos los días en las calles.

El problema de los residuos es una prueba irrefutable del abandono: basura acumulada durante días, espacios públicos convertidos en basurales improvisados y una Municipalidad que no logra o no quiere cumplir con una de sus funciones más básicas. Esto no es una excepción ni una circunstancia pasajera: es el resultado de años de inacción.

El caos vehicular es otra muestra clara de la falta de autoridad. La ciudad veraniega funciona sin reglas porque nadie las hace cumplir. No hay controles, no hay agentes suficientes y no hay planificación alguna. Durante eventos masivos, la ciudad queda literalmente paralizada: calles bloqueadas, vehículos estacionados de forma irresponsable y peatones obligados a exponerse al peligro.

La Municipalidad está ausente donde debería ejercer control.

La prohibición de discotecas en el Anfiteatro José Asunción Flores fue una decisión desatinada que terminó empeorando las cosas. En lugar de ordenar la vida nocturna, se la empujó al descontrol.

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Sin ofrecer alternativas ni espacios adecuados, las fiestas se trasladaron a zonas residenciales, aumentando los conflictos con los vecinos y dificultando cualquier tipo de fiscalización. Prohibir sin planificar no es gobernar: es improvisar.

La inseguridad al finalizar los eventos de gran convocatoria también es una consecuencia directa de esta falta de conducción. Los robos, especialmente de teléfonos celulares, son frecuentes mientras las autoridades miran para otro lado.

No hay prevención y no hay un esquema de seguridad que contemple el momento más crítico: la salida masiva del público. La falta de respuesta convierte estos hechos en parte de una rutina ya normalizada.

Todo este escenario deja en evidencia una falta de liderazgo político porque la gestión se reduce a gestos, mientras el deterioro avanza y la paciencia de los vecinos se agota.

La ciudad de San Bernardino no necesita más promesas ni justificaciones. Necesita autoridades que trabajen, que ejerzan el poder que les fue otorgado y que rindan cuentas.

Mientras el abandono siga siendo la política de hecho, el desorden y la inseguridad seguirán marcando el día a día de San Bernardino.

faustina.aguero@abc.com.py