A ver, Europa hoy no es la potencia engreída de décadas atrás. Su modelo de alta regulación, fuertes subsidios con tinte marcadamente social y obsesión por hacer todo “en forma correcta”, fue hasta cierto punto admirable en términos éticos y medioambientales, pero en lo económico perdieron muchísima ventaja competitiva. Concentrados como estaban, permitieron que Asia aprendiera a producir mucho más barato, más rápido y lastimosamente, superándolos en la ecuación precio&calidad.
Las subvenciones europeas: ni mencionemos aquí las que otorgan a los inmigrantes, que requieren un análisis aparte. En el sector agrícola, apalancaron a los productores de forma tal que terminaron creando un arma de doble filo. A través de este proteccionismo, encarecieron exponencialmente los productos básicos y sus derivados. Así, fue inevitable el resultado: producción menos competitiva, poco flexible e incapaz de sostenerse sin intervención estatal.
Aquí entra al juego América del Sur, donde se encuentran vastos territorios, riqueza natural y capacidad productiva todavía subexplotada. Tierra, agua, energía, alimentos, biomasa, talento humano: la mirada no es de cariño, sino que brilla al ver el inventario disponible. Y cuando desde afuera alguien empieza a mirar nuestro inventario con interés, conviene estar atentos.
Este tratado no se trata solo de comercio. Es también inversión. Es capital buscando oportunidades, empresas buscando socios, tecnología buscando mercados. Por sobre todo esto, es una ventana que se abre para países como el nuestro que necesitan crecer no solo exportando más, sino produciendo mejor.
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Hay que estar muy atentos, porque nada de esto servirá si no se negocia en igualdad de condiciones. El acuerdo debe traducirse en menos trabas y menores costos, no nuevos aranceles disfrazados de estándares imposibles. Exportar e importar tiene que ser más simple y sencillo, sin tanta burocracia.
También exige que estemos a la altura. No basta con firmar tratados si después no hacemos bien los deberes en casa. Infraestructura, logística, seguridad jurídica, capacitación laboral, instituciones que funcionen. Europa puede abrir la puerta, pero cómo la crucemos depende de nosotros.
Importante no perder de vista que esta firma ocurre durante este gobierno, y eso corresponde reconocerlo. Como también hay que reconocer que ya fue negociado con mucha anterioridad y se ejecutará durante esta administración y las siguientes. Por eso, debe primar siempre la misma visión país y no el sentimiento egoísta de apropiarse de lo que es colectivo. Nuestra política exterior no deberá ser nunca patrimonio de un gobierno o partido político.
Históricamente, Paraguay figura hoy como nunca en el radar mundial de la inversión. Datos duros lo avalan: estabilidad macroeconómica, crecimiento sostenido, ubicación estratégica. El mundo nos mira con interés, éste es nuestro momento.
Las condiciones están dadas para direccionar este interés internacional en bienestar real para toda la población. Para ello, será indispensable sanear la administración pública, combatir ineficiencias y permitir que los beneficios lleguen también a quienes más los necesitan. Este derrame social no ocurrirá solo, debe gestionarse. Y esta gestión sigue siendo, hoy por hoy, la gran deuda del gobierno con todos los paraguayos.