Así como expresó, con un tono de complicidad y “hermandad”, uno no sabe si aplaudir esta “lealtad colorada”… o preocuparse seriamente por el rumbo del país.
Mientras Santi Peña se pone el casco y agarra la cuchara de albañil para el 2028, Paraguay sigue como una obra en construcción que jamás se terminó, con muchas falencias e imperfecciones. Algunas que podemos mencionar: la Caja Fiscal en crisis, docentes y policías en protesta, rutas hechas pedazos que ya se cobraron vidas, inseguridad que crece, justicia lenta como fila de IPS y obras que se inauguran sin terminarse.
Claro, sabemos que Peña está a mitad de mandato y le queda un largo camino por seguir. Por lo tanto, hasta el 2028 todo puede pasar políticamente. Sin embargo, él ya bendice a sus herederos políticos con su discurso de “amistad” y “hermandad”.
Hay que recordarle a Peña que gobernar no es armar un grupo de amigos y jugar al fútbol, así como suele hacer en Mburuvicha Róga con varios ministros y parlamentarios, sino resolver problemas reales. Santi, con sus expresiones, ya está armando la alineación del segundo partido, cuando todavía no terminó el primer tiempo de su juego.
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Y acá es importante aclarar que el problema no es si Alliana o Latorre son buenos o malos candidatos presidenciales. Eso diría la gente cuando vote sin presión. El problema es la instalación de un tipo de “nepotismo político”. Claro, no son familiares, pero sí hermanos de movimiento y socios bendecidos por el “patrón” máximo.
Vale decir que si Alliana y Latorre realmente quieren llegar al poder, deberían hacerlo por sus propios méritos, liderazgo y por su gestión, no por la bendición de nadie.
Peña ya no estaba hablando como jefe de Estado, sino como jefe de campaña política. “Nada me gustaría más que ponerme al servicio de él”, dijo. O sea, el propio presidente se ofrece como operador político de su propio espacio, mientras el país que lo votó espera soluciones.
No necesitamos de un Presidente títere, que actúe de albañil para construir el camino de otro. Necesitamos uno que verdaderamente se ponga la camiseta para construir hospitales que realmente funcionen, que arregle las rutas asesinas, ofrezca jubilaciones dignas y luche por una justicia ágil.
Cuando un Presidente empieza a elegir sucesores antes de resolver los problemas, no está pensando en el país, sino en su propio negocio.
jose.peralta@abc.com.py