Disociación presidencial

Si hay una palabra que vengo escuchando bastante en el último tiempo, es “disociación”, una especie de desdoblamiento que permite a una persona estar en un lugar mientras la mente navega en una realidad alterna.

Recurrí a la biblioteca inagotable de Internet buscando una mejor comprensión de la palabra. En ese afán encontré páginas de Psicología que definen a la disociación como un mecanismo que hace que la mente se desconecte parcial o totalmente de la realidad, muchas veces en medio de situaciones desbordantes, traumáticas o estresantes.

Estresante, por ejemplo, como gobernar un país productor de energía pero incapaz de distribuirla eficientemente a todos sus habitantes, que deben lidiar con un apagón cuando la sensación térmica orilla los 48 grados. O que esos mismos habitantes no puedan cubrir sus necesidades básicas porque los sueldos no rinden frente a una canasta básica que para muchos empieza a ser inalcanzable.

Algún nivel de estrés debe generar el hecho de liderar una nación donde la gente muere esperando en hospitales que no cuentan con equipos y cuyos recursos humanos renuncian para prestar servicios en sanatorios privados. Debe ser al menos inquietante que tantas personas mueran por causa de rutas destruidas; que el transporte digno no esté garantizado y que las deudas con proveedores del Estado no se puedan saldar.

Mirando un poco este panorama, si fuera yo la que tuviera que lidiar con estos problemas, tal vez también querría estar disociada como Santiago Peña, quien lleva más de 60 viajes a distintos destinos llevando la buena nueva del “despertar de un gigante dormido”, frente a un público extranjero que lejos está de conocer la verdadera realidad que soporta el paraguayo.

Su último acto disociativo fue integrarse a la Junta de Paz de Donald Trump con el supuesto objetivo de poner fin al conflicto en la Franja de Gaza. Y próximamente escapará a Miami para participar de la Cumbre ‘Escudo de las Américas’, donde se reunirán todos los países latinoamericanos alineados con Estados Unidos en el marco de la reformulación de la Doctrina Monroe.

Yo también quiero disociar como el presidente y, cada tanto, escapar hacia ese país del que habla en sus discursos, donde se cumple la promesa de estar mejor. Pero las obligaciones me devuelven rápidamente a la realidad donde todo sigue igual o peor.