Otra vez el Senado tuvo que perder tiempo en juzgar a uno de sus pares; alguien que por cierto no escarmienta, pues ha protagonizado ya varios episodios que lo dejaron en la mira de la opinión pública. “Chaqueñito” apodo con el que se popularizó este hombre que llegó al Senado de la mano de Cruzada Nacional y que ni bien pudo se entregó al oficialismo, se convirtió en beneficiario de un programa de “viviendas económicas” del Ministerio de Urbanismo, Vivienda y Hábitat.
Señalado de haber usado indebidamente su influencia como parlamentario para acceder a este departamento, Javier Vera afrontó nuevamente un proceso de expulsión, netamente para la anécdota, ya que ni siquiera la totalidad de los firmantes del pedido participó de la sesión, dejando la cancha libre al oficialismo que a través de argumentos populistas defendió, no a “Chaqueñito”, sino a un voto que no quiere perder dentro de la Cámara.
Lizarella Valiente fue una de las que más esmero puso en la defensa de su colega al que pretendió igualar con cualquier ciudadano, omitiendo el hecho de que no cualquier ciudadano percibe mensualmente casi G. 40.000.000.
Otro que se prestó al juego de colocar a Vera en un lugar de víctima fue el senador Juan Carlos “Nano” Galaverna, quien enumeró las penas de su colega, recordando su origen humilde de vendedor de asaditos en el “árido” Chaco Paraguayo y hasta su condición de huérfano. “Quién no haría lo que él hizo”; “quién es el que no quiere tener casa”, cuestionaba Galaverna.
El mensaje es peligroso porque justifica el mal proceder de alguien que en casi tres años en la función legislativa, fue incapaz de honrar sus orígenes. Dos años atrás, el “humilde asaditero” trataba a una funcionaria del Congreso de “simple contratada, basura y porquería” y por ese motivo ya lo habían amonestado. Un año más tarde se filtraron unos audios en los que revelaba que su voto dentro de la Cámara cotizaba en dólares. Extrañamente, sus colegas expulsaron a la interlocutora de la conversación y “Chaqueñito” continuó campante.
Lo que pasó con la “vivienda económica” del MUVH volvió a pintar de cuerpo entero a una persona marginal, no por su falta de recursos o formación, sino por su total ausencia de principios y valores. A “Chaqueñito” le quedan dos años más como legislador y si le sigue yendo bien como hasta ahora, se llenará de cosas materiales que podrá ostentar; lo que no le puedo garantizar es ese pequeño lujo que nos damos los honestos cada noche al reposar la cabeza en la almohada: la tranquilidad de no deberle favores a ningún corrupto.
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