La obra, que une la ciudad de San Juan Bautista con el cruce Yvyraty, sobre la ruta cuarta, en el departamento de Ñeembucú, fue presentada como un proyecto clave para la conectividad regional. Con una inversión de G. 184.290.707.079 y un plazo de ejecución de 24 meses, fue dividida en tres tramos adjudicados a diferentes empresas. Pero, lejos de avanzar con normalidad, hoy presenta serias irregularidades.
La propia ministra admitió que existe una deuda con las empresas encargadas, lo que ha generado una ralentización de los trabajos. No obstante, sostener que no hay obras paralizadas resulta, cuanto menos, discutible.
En el tramo tres, la situación es clara. Los trabajos iniciaron en enero de 2024, pero pocos meses después quedaron paralizados tras la rescisión del contrato con la empresa Caldetec Ingeniería SRL, debido a la falta de documentación requerida por el MOPC. En junio de 2025 se adjudicó la obra a una nueva firma, MM Constructora SA, que debía reiniciar las tareas de forma inmediata. Eso nunca ocurrió.
Desde octubre de 2024 hasta abril de 2026 este tramo permanece sin avances visibles. La obra inconclusa, con malezas y sin actividad, evidencia una paralización prolongada, más allá de cualquier explicación oficial.
Pero el problema no se limita a un solo tramo. Desde este año 2026 el tramo dos, a cargo de Tecsul SAE, también se encuentra paralizado. Este comprende 20,7 km, desde la cabecera del puente sobre el arroyo Aguaray hasta la comunidad de Loma Pero, donde debería enlazarse con el tramo tres.
Sobre esta nueva pausa tampoco existen explicaciones claras. El silencio de las empresas y de las autoridades alimenta la incertidumbre. Según vecinos de Loma Perõ, las empresas habrían conformado un consorcio y actualmente concentran sus trabajos en el tramo uno, correspondiente a Construpar SA, de 18,2 kilómetros.
Con este escenario, resulta difícil sostener el discurso oficial. De las 17 obras que, según la ministra Centurión, no están paralizadas, la realidad en Misiones muestra lo contrario: la Ruta del Progreso tiene dos de sus tres tramos detenidos.
La situación expone no solo una desconexión entre el discurso y la realidad, sino también una preocupante falta de seguimiento y gestión sobre obras que deberían ser estratégicas para el desarrollo regional. Porque cuando dos de tres tramos están detenidos, negar la paralización ya no es una cuestión técnica, sino un problema de credibilidad.
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