La participación preliminar estimada oscila entre el 40 y 50 por ciento de los electores habilitados, variando entre partidos y distritos. En Asunción por ejemplo se estima una concurrencia cercana al 50%, mientras que a nivel nacional fue más baja.
El concepto “democracia” nació hace más de dos mil años en la antigua Grecia. Allí surgió una idea revolucionaria para su tiempo: que los ciudadanos pudieran decidir sobre los asuntos públicos en lugar de que lo hicieran solamente reyes, nobles o guerreros. Un buen inicio, que con el paso de los siglos fue evolucionando hacia el sistema representativo que hoy conocemos.
No es perfecto, ni lo fue nunca. Pero no se inventó aún otra herramienta mejor para resolver pacíficamente las diferencias políticas. Las elecciones permiten: 1) que la voluntad de la mayoría se exprese sin violencia, 2) respetando las reglas y 3) otorgando legitimidad a quienes resultan electos.
Por eso, es muy positivo que algunos vencedores hayan obtenido triunfos contundentes. Las diferencias claras disipan cualquier duda, fortalecen los resultados y la ciudadanía puede aceptar con mayor tranquilidad el veredicto de las urnas. Los votos mandan y envían mensajes rotundos.
Sin embargo, queda también una preocupación. La participación estuvo lejos de ser ideal. Que cuatro o cinco de cada diez habilitados hayan acudido a votar es suficiente para definir candidaturas, pero para quienes creemos en una democracia vigorosa y participativa no es motivo de celebración.
Esta apatía electoral debe ser una señal de alerta. Expresa desencanto, indiferencia, o sencillamente falta de entusiasmo ciudadano ante la falta de opciones realmente válidas.
Desde la capital, se observa con atención lo que ocurre en todo el país, y no se puede dejar de sentir una mezcla de preocupación y optimismo. Preocupación por la baja concurrencia; optimismo porque, una vez más, las diferencias se resolvieron con votos y no de otra forma.
El siguiente desafío: El 4 de octubre próximo, se elegirán intendentes y concejales en todo el país. Fundamental que mejore la oferta electoral, y que los candidatos a través de propuestas serias logren despertar nuevamente el interés ciudadano. Cuanta más gente participe, más se fortalecerá la democracia. A fin de cuentas, los votos siguen siendo los que mandan.