Canadá y la educación superior como industria: una hoja de ruta para Paraguay

Canadá posee varias de las mejores universidades del mundo. McGill, Toronto y Columbia Británica ocupan las posiciones 27, 29 y 40 del QS World University Rankings 2026.

Ese posicionamiento se sostiene con una enorme inversión que no proviene, principalmente, del gasto público: Canadá decidió, de manera deliberada y planificada, convertir su sistema universitario en una gran industria exportadora, financiada en gran medida por sus estudiantes internacionales. En 2022, el gasto de esos estudiantes alcanzó unos 28.000 millones de dólares estadounidenses, cerca del 23% de las exportaciones de servicios del país, y superó el valor exportado en productos como la madera, los fertilizantes o la maquinaria eléctrica. En total, aportó unos 23.000 millones al Producto Interno Bruto y, según Global Affairs Canada, sostuvo alrededor de 361.000 empleos.

Este resultado no fue producto del azar, sino de una decisión de Estado. En 2011, el gobierno canadiense convocó a un panel asesor —presidido por el rector de una de sus principales universidades— para diseñar una estrategia nacional de educación internacional. El informe resultante, publicado en 2012, fijó una meta concreta: duplicar la cantidad de estudiantes internacionales, de poco más de 239.000 en 2011 a más de 450.000 hacia 2022. La estrategia se lanzó en 2014, con promoción internacional y mercados prioritarios claramente elegidos —entre ellos Brasil, China, India y México—, y la meta se cumplió cinco años antes de lo previsto: en 2017 el país ya alcanzaba el medio millón de estudiantes internacionales.

Lo que Canadá logró por decisión, Paraguay puede iniciarlo desde ventajas competitivas que ya posee: costos accesibles, estabilidad macroeconómica y cercanía geográfica, idiomática y cultural con dos mercados enormes, Brasil y la Argentina. Son ventajas que alcanzan a varias carreras, con la educación médica como punta de lanza. El fenómeno ya ocurre, aunque sin una estrategia que lo ordene. Según el CONES (2025), cerca de 45.000 estudiantes cursan medicina en Paraguay y alrededor del 80% proviene del Brasil. La Dirección Nacional de Migraciones confirma la tendencia: en 2025 otorgó un récord de 40.600 residencias, más de 23.500 de ellas a brasileños, buena parte vinculada al estudio.

Ese flujo convive con una falla que es, a la vez, una oportunidad: ni siquiera lo registramos bien. Según el Banco Mundial, Paraguay exhibe 3,88 médicos por mil habitantes, muy por encima del promedio latinoamericano, cercano a 2,5. Pero la cifra está inflada: miles de médicos registrados son extranjeros —en su mayoría brasileños— que figuran como residentes aunque retornan a su país tras titularse; al no registrar sus salidas, quedamos con números irreales y carecemos de datos confiables para diseñar políticas públicas. Además, quien llega a estudiar suele demorar en obtener sus papeles, con pérdida de trazabilidad y de acceso normal a servicios básicos. Canadá tuvo una herramienta precisa para esto: una vía de visado acelerado para sus mercados prioritarios. Ordenar y agilizar la cédula o visa de estudiante en Paraguay sería la palanca inmediata, de bajo costo y alto impacto. Para generar este mecanismo, debemos ser creativos y aceptar que, si bien nunca nos hemos considerado un país que atraería estudiantes internacionales, lo estamos haciendo y más vale aprovechar la oportunidad.

Paraguay, además, sigue necesitando médicos. Según el Ministerio de Salud, el sistema público presenta una brecha de 9.437 médicos respecto de la cobertura óptima y, frente a una necesidad de unos 9.305 especialistas, apenas se registran cerca de 4.000, con déficits marcados en clínica médica, pediatría y medicina familiar. A ello se suma el desequilibrio territorial: la mitad de los médicos se concentra en Asunción y Central, dejando casi vacíos otros territorios del país. Una política de desarrollo de la educación médica generaría más profesionales, más centros asistenciales y más investigación: tres cosas que nos hacen falta; y que necesitamos.

La lección canadiense es clara: al mercado natural hay que ofrecerle herramientas a medida y no esperar las soluciones lleguen solas. Paraguay cuenta, además, con una ventaja. Buena parte de los recursos ya la solventa el sector privado, que forma talento, invierte en infraestructura y coopera con el sistema público. El Estado tiene ante sí una ventana de oportunidad que no será eterna. Requiere una Visión País participativa, con metas a corto, mediano y largo plazo, que convierta nuestra posición geoestratégica en desarrollo educativo, fortalecimiento de la salud pública y posicionamiento en la economía del conocimiento. La oportunidad existe. Falta convertirla en decisión estratégica nacional.

* El Dr. José Tomás Sánchez es Director Ejecutivo de la Unión de Facultades de Medicina Privadas del Paraguay (UFAMEP).