Los números y el mostrador del hambre

Mientras el gobierno celebra los números macro que nos sitúan como un país envidiado en la región, crece una realidad lacerante en buena parte de la ciudadanía: la gente fía cada vez más para comer.

Los almaceneros, que conocen la intimidad de sus comunidades, dan la voz de alerta con una dura frase: “De la macroeconomía al mostrador del hambre”. ¿Adónde va a parar el crecimiento del país?

La Asociación de Almaceneros Minoristas del Paraguay (AMP) expone una verdad y comunica un retroceso: reaparece la libreta de almacén, algo del pasado.

Es la situación de buena parte de la población nacional cuyos ingresos no alcanzan ya para cubrir los gastos básicos.

“El consumo real financiado con ingresos genuinos ha caído vertiginosamente”, dice el comunicado emitido recientemente por la Asociación cuyos miembros perciben con claridad la circunstancia a través del contacto diario con su público.

Luis Ibarra, presidente de la Asociación, expuso el temor del gremio ante lo que consideran una caída en el poder adquisitivo de sus clientes. Hoy, estos compran solo lo elemental para el sustento.

Aun así, llevando una vida austera, la evaporación de sus ingresos hace que mucha gente apele a la deuda para alimentarse, situación límite a la que van llegando varias familias.

Ibarra informó que el fenómeno del fiado viene desde hace algunos años, pero que es persistente y va en aumento. Este es un síntoma de problemas estructurales en la economía de la gente. El país crece, pero la gente se empobrece. He aquí el dilema a resolver.

Otro síntoma alarmante de lo que ocurre con la economía de la ciudadanía es la deuda con la ANDE. La energía eléctrica es un insumo básico que no se puede dejar de pagar. Pero la morosidad es altísima. Hay gente que no paga por sinvergüenza, pero son más quienes no pagan porque la plata no les alcanza.

A este mes de julio, hay 350 mil clientes que deben 5 o más facturas. Según la ANDE, la deuda de clientes activos ronda en la actualidad los 150 millones de dólares, una cifra inquietante para una entidad siempre en crisis.

El Banco Central aumentó su expectativa de crecimiento económico y lo sitúa en 4,5%, con una inflación prevista de 3,3%. Números para festejar. Festejaríamos si los números fueran un fin en sí mismos. Pero en economía, los números no sirven si no son un instrumento para que la gente viva mejor. A aquel de clase media (hoy convertido en media clase) no le importa el crecimiento del país si tiene que fiar para comer.

Y ¡ojo! De esto no nos hablan solo los almaceneros. Nos lo advirtió también el FMI en un reciente informe sobre el crecimiento del crédito para el consumo. La gente presta plata para pagar la comida o pagar la luz.

Lo de “el mostrador del hambre” es una realidad. Los almaceneros lo saben, la gente lo sufre y el gobierno lo calla.

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