Un Gobernador y el bibliobus 

El diario “Ultima hora” del lunes nos trajo una noticia inquietante: el Gobernador de Central, Ricardo Estigarribia, rechaza la excelente iniciativa del Gobierno de que todos los Departamentos, más Asunción, tengan un bibliobús. El ministro de Educación, Luis Ramírez, censuró con razón la extraña oposición del Gobernador que calificó el proyecto de “vyro reí” (insignificante) y de que existen “otras necesidades”.

Hay antecedentes de la propuesta gubernamental. Por muchos años, la Municipalidad de Asunción prestó valiosos servicios con un bibliobús que cada día se instalaba en alguna escuela, o centro cultural, donde los niños se deleitaban con libros o revistas. Igual resultado se tenía con las “bibliotecas viajeras” de ABC Color. Eran varias cajas de libros que por una o dos semanas quedaban en una escuela para luego trasladarse a otras, sin importar la distancia.

El libro no ha ser tan “vyro reí” pues para llegar hasta hoy ha superado increíbles períodos: tablillas, rollos de papiro, pergaminos, papel y luego saltar a la imprenta. Con la invención de Gutenberg (1397 – 1468) hubo un cambio revolucionario con el libro al alcance de quienes lo quisieran. Se imprimieron obras que serían inmortales por su alcance literario, religioso, filosófico, etc. que cambiaron la relación entre los seres humanos, camino hacia una vida mejor. Frente a los avances culturales hubo igualmente enormes retrocesos o impedimentos para seguir adelante. También nuestro país fue víctima de terribles obstáculos en su intento por salir de sus limitaciones que le venían de los tiempos coloniales. Ante la ya antigua necesidad de Asunción, Hernandarias (1560 – 1631) peticionó al rey una universidad que permitiera a los jóvenes construir su futuro y el de la ciudad. La respuesta del rey fue cruel: autorizará la actividad universitaria pero con fondos de la Provincia. Y la Provincia no tenía un centavo, nada que se pareciese al oro, salvo el sol inclemente.

Con la independencia no fue mejor para la educación y la cultura. Los próceres comenzaron con buenos proyectos que pronto quedaron en la nada con la dictadura de Rodríguez de Francia. Fulgencio R. Moreno, en su libro “La Ciudad de Asunción” nos cuenta: “Y con la clausura del Colegio de San Carlos, restablecido por la junta, desapareció el único establecimiento de esa índole existente en el país. Las bibliotecas de los conventos y las escasas bibliotecas particulares, se convirtieron en fábricas de naipes, utilizándose para ese efecto las hojas de los libros, por falta de papel ´Así se inutilizaron inmensas cantidades de libros, muchos de ellos quizás de mérito subido´. Y como no hay noticias, ni es creíble que en aquel período se introdujeran otros libros o papeles impresos que los que recibía el dictador, puede decirse que la distinción entre alfabetos y analfabetos tenía en aquel tiempo una importancia muy escasa...”

Hoy sí la distinción tiene importancia. Después de tantas penalidades históricas, el libro está al alcance –o debería de estarlo- de cualquiera que quisiese mejorar o construir su futuro.

El ministro Ramírez defiende que el Gobierno invierta en el bibliobús para cada uno de los Departamentos “en vista de que hay una deuda de Educación en fomentar más la lectura y en particular fomentar el acceso a los libros”.

La editorial Océano, para su colección Biblioteca Universal, nos dice: ”Un gran pensador inglés dijo que la verdadera Universidad hoy en día son los libros, y esta verdad, a pesar del desarrollo que modernamente han tenido las instituciones docentes, es en la actualidad más cierta que nunca”.

No encontraremos en ningún lado que fomentar la lectura sea un “vyro reí”. Encontraremos Gobernador que lo sea, eso sí.

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