Hay que salir en la foto

Desde que tenemos memoria, el fenómeno de las fotos acompaña los acontecimientos sociales como parte integral de los mismos. Hoy, ya todo es mucho más sencillo: Apenas juntado el grupo, se levanta el teléfono y dispara una fotografía. Después de esto viene la publicación en las redes, y así, la imagen ya no solo perpetúa un momento; también deja constancia de que uno estuvo allí, a todos los efectos imaginables.  

Por eso, aparecer en la foto adquirió un valor que va mucho más allá de la vanidad. Es una forma de honrar la invitación recibida, dejar constancia de que se asistió y agradecer, con un gesto sencillo, a quienes organizaron el encuentro. Viéndolo de esta forma, en muchos aspectos las fotografías terminan siendo casi tan importantes como el evento mismo.

Esta situación es trasversal en el mundo empresarial, deportivo, académico y en lo social ni qué decir. Los encuentros se suceden, pero las imágenes quedan. Con el tiempo, esas fotografías terminan armando una suerte de historial silencioso de relaciones, de presencias y de trayectorias, una especie de networking gráfico.

Días atrás de llevó a cabo el lanzamiento nacional de la campaña de la Lista 1 del Partido Colorado, con la proclamación de los candidatos con vistas a las elecciones municipales. Más allá de la opinión de cada uno sobre el acto en sí o la agrupación política, un punto no se puede rebatir: la demostración de fuerza y de unidad. También en este acto todos, sin excepción, buscaron salir en la foto.

Este afán no se da solamente en la política. Lo vemos en congresos, inauguraciones, aniversarios, competencias deportivas o reuniones institucionales donde sucede exactamente lo mismo. Siempre hay interés por aparecer en la imagen y, si se puede, lo más cerca posible de los “pira guazú”.

¿Algo que ver con el ego? Puede que sí en algunos casos. Pero, también es una manera de construir vínculos, declarar pertenencia y demostrar compromiso con un proyecto o grupo de personas, una institución o una causa. Las fotografías hablan, y una imagen vale más que mil palabras.

En el ámbito laboral ocurre algo parecido. Quien participa, se integra y acompaña suele hacerse visible. Nadie progresa solo con salir en una fotografía, pero tampoco conviene pasar desapercibido. La visibilidad, obtenida como consecuencia del trabajo serio, también abre puertas.

Al final, las imágenes terminan siendo testigos de una época y de las relaciones que cada uno fue cultivando. Es de gente educada aceptar las invitaciones, hacerse notar y, llegado el momento, arrimarse para la foto. Porque la peor reunión siempre será aquella a la que uno no fue invitado y, cuando se trata de sacar una foto no hay que negarse jamás, porque lo cortés no quita lo valiente.