El filósofo alemán Nietzsche planteaba un experimento mental conocido como el “Eterno retorno”. Él proponía imaginar que el tiempo no es una línea recta, sino un círculo cerrado, o sea, todo lo que ocurrió, ocurre y ocurrirá, y se repetirá por toda la eternidad. En Asunción, esta idea dejó de ser una teoría para convertirse en nuestra realidad política. Vivimos atrapados en una rueda electoral que gira cada cinco años, pero que nunca evoluciona.
Nuestro “eterno retorno” está en el sistema porque el discurso de “cambio” desaparece en el primer acomodo de planilleros o en la primera licitación amañada. Al final del día, nos damos cuenta de que solo cambiaron los nombres de quienes administran, pero la estructura destructora sigue vigente.
Nietzsche también hablaba de la máxima realización humana a través del “Amor Fati”, que significa aceptar la vida, tal y como es. ¿Será que los electores practicamos un Amor Fati masoquista? Padecemos los baches, raudales y pagamos impuestos que no se reflejan en obras; una vez más nos indignamos, reclamamos y juramos con rabia que “nunca más votaremos a los mismos”. Pero llega el domingo de elecciones y, volvemos a elegir la misma bandera colorada.
Finalmente, todo esto es el equivalente a la reconocida frase del videojuego Grand Theft Auto, “Oh shit, here we go again” al volver a pasar por lo mismo y estar envueltos en la misma miseria y corrupción.
El primer domingo de octubre tendremos la obligación moral de llevarle la contra al aforismo de Nietzsche. Asunción ni otra ciudad del Paraguay no tiene por qué estar condenada a un bucle infinito de fracasos y corrupción. Evolucionemos democráticamente, rompamos de una vez por todas la rueda del conformismo y demostremos que nuestro destino es una elección y no una condena.
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