Necesitamos rescatar a los jóvenes

Esta semana, varios jóvenes fueron protagonistas de hechos noticiosos, y no precisamente de hechos destacables, sino todo lo contrario. Uno de ellos, de tan solo 23 años, terminó de manera trágica: fue muerto a tiros en extrañas circunstancias. Algunos afirman que fue emboscado cuando circulaba por el río Paraná, mientras que otros señalan que el hecho pudo haberse producido a raíz de un conflicto entre paseros. Lo cierto y concreto es que una joven vida se perdió de manera violenta.

En otro hecho, un joven fue detenido con cantidad de sustancias estupefacientes, ya que, según los investigadores, se dedicaba a comercializar estas mercaderías ilícitas desde su propia casa.

Mientras que en otro episodio, un adolescente de tan solo 15 años fue detenido junto a unos maleantes de grueso calibre que estaban a punto de perpetrar un atraco y que protagonizaron una persecución con balacera con la Policía.

Estos hechos podrían considerarse casos aislados. Sin embargo, son el reflejo de una triste realidad que afecta a la población juvenil, y muy especialmente a nuestra región de la Triple Frontera.

En este Mes de la Juventud, y no solo durante este mes, deberíamos detenernos a reflexionar y plantearnos qué tipo de jóvenes estamos lanzando a la sociedad. Ellos también son producto de la sociedad, de su entorno, de lo que aprenden de los mayores y de lo que viven en la convivencia diaria, en ese contacto permanente con la comunidad. Estos jóvenes no nacieron con estas mañas. En gran medida, las aprendieron de su entorno.

Estamos viendo cada vez más involucrados en hechos violentos, asaltos, robos y otros delitos. Y deberíamos preguntarnos qué estamos haciendo como sociedad para evitar que nuestros jóvenes terminen atrapados en estos círculos tan peligrosos.

Necesitamos que todos los miembros de la sociedad, busquemos la manera de rescatar a nuestros jóvenes de estos caminos, ofreciéndoles oportunidades para desarrollarse, para descubrir sus capacidades y desenvolverse en otros ámbitos. Esas jóvenes vidas podrían haber terminado de una manera completamente diferente: con una medalla olímpica, con un Balón de Oro, con un premio internacional en ciencias o con un reconocimiento por sus investigaciones.

Si esos jóvenes hubieran tenido mayores oportunidades podrían haberse mantenido alejados de las drogas, de la delincuencia y de todo lo que implica ese submundo de la criminalidad.

La pregunta, entonces, no debería ser solamente qué hicieron estos jóvenes para terminar involucrados en hechos tan lamentables. También deberíamos preguntarnos qué hicimos nosotros, como sociedad, para ofrecerles una alternativa antes de que fuera demasiado tarde.

tereza.fretes@abc.com.py