El dato resulta especialmente llamativo por el monto de la inversión. De acuerdo con los datos técnicos del MOPC, la obra demandó US$ 714.418,13. Es una cifra que obliga a mirar más allá del simple reemplazo del equipo: ¿qué se controló antes de ponerlo en funcionamiento?, ¿qué fallas fueron detectadas?, ¿cuánto tiempo permaneció con problemas? y, sobre todo, ¿por qué se esperó tanto para buscar una solución?
Desde Rutas del Este se informó que el ascensor tenía un funcionamiento intermitente y que su utilización fue suspendida preventivamente por razones de seguridad. Esta explicación permite conocer la situación desde el punto de vista de la empresa, pero no responde por completo al reclamo de los pobladores, quienes sostienen que el problema venía de mucho antes.
Lo preocupante es que no se trata de un elemento decorativo ni de una obra secundaria. El ascensor fue instalado precisamente para permitir que personas que no puedan utilizar las escaleras puedan cruzar por la pasarela. Cuando ese mecanismo no funciona, la accesibilidad queda reducida a una promesa.
Ahora el equipo ya fue desmontado y se anuncia la instalación de uno nuevo. Mientras tanto, se dispone de un minibús gratuito las 24 horas para trasladar a quienes no puedan utilizar las escaleras. La alternativa puede aliviar temporalmente la situación, pero también deja expuesta una contradicción: una obra construida para garantizar autonomía termina obligando a los usuarios a depender de un vehículo.
Los recursos públicos no pueden evaluarse únicamente por la obra que se inaugura o por el monto que figura en un contrato. También deben medirse por el resultado que recibe la ciudadanía. En este caso, queda la imagen de un ascensor instalado con una inversión millonaria, que presentó problemas, dejó de utilizarse y finalmente terminó desmontado.
El nuevo equipo tendrá que demostrar que esta vez la accesibilidad será una realidad. Pero la comunidad también merece respuestas sobre el anterior. Porque cuando una obra cuesta cientos de miles de dólares y termina desmontada por no cumplir su función, la pregunta no es solamente qué se va a construir ahora, sino qué falló antes y quién debía haberlo advertido.
faustina.aguero@abc.com.py