Las diversas formas de acoso y coacción sexual no son actos “normales”

Este artículo tiene 6 años de antigüedad
"Las mujeres, muchas veces, se sienten culpables y tienden a creer que hicieron algo para merecer el acoso".
"Las mujeres, muchas veces, se sienten culpables y tienden a creer que hicieron algo para merecer el acoso".

Escuchar palabras obscenas en la calle, soportar chistes groseros de tus compañeros o ser acorralada por tu jefe constituyen diversas caras del acoso. Sin embargo, el creciente número de denuncias traza las primeras pinceladas de un despertar femenino.

El hostigamiento puede presentarse de diversas maneras y en distintos campos como los lugares de trabajo, los espacios de estudio, las calles e, incluso, otros entornos más cercanos. Por lo mismo, existe una diferenciación de conceptos legales que se debe manejar a la hora de denunciar las situaciones vividas.

El Código Penal, en el artículo 133, establece que el acoso se da cuando el hostigamiento es producto del abuso de autoridad o influencia que posee una persona por el cargo que ocupa. Este hecho tiene una pena de hasta dos años de privación de libertad.

Por otra parte, el artículo 128 del Código Penal define a la coacción sexual como el hecho de que una persona obligue a otra, mediante una fuerza o amenaza, a realizar actos sexuales en sí mismo o en terceros, lo cual conlleva una pena de hasta diez años de cárcel. De esta manera, las normas legales contemplan que, mientras el acoso necesita una relación de poder entre víctima y victimario, la coacción se da entre pares.

REDES, AMPLIFICADORES DE VOCES ACALLADAS

A raíz de múltiples movimientos internacionales, una serie de testimonios en la red, acompañados de hashtags como #MeToo, entre otras formas de protesta, la sociedad se encuentra ante un despertar femenino que consigue poner nombre a las violencias sufridas, a través de los siglos. Purna Sen, coordinadora de la ONU Mujeres y portavoz acerca del acoso sexual, define los distintos tipos de hostigamiento como “expresiones sexualizadas de inequidad de género”.

La representante de la ONU afirma que es necesario construir una cultura que convierta la cero tolerancia hacia el acoso sexual en una realidad. En el plano nacional, se podría decir que el mencionado rechazo hacia todas las formas de hostigamiento puede apreciarse a través de una creciente actitud de escucha hacia las personas que hacen públicas sus denuncias. Esta nueva postura se opone a la minimización social que ha enterrado temas de esta índole, durante muchos años.

Según datos del Ministerio de la Mujer, en los primeros meses del año pasado, se superó la cantidad de denuncias y consultas por acoso laboral. Mientras tanto, la cartera de Estado señala que, este 2019, el 40% de las adolescentes del país sufre algún tipo de violencia machista, dentro de lo cual se encuentra un hostigamiento que inicia desde la pubertad.

DENUNCIAS, EVIDENCIAS DE UN DESPERTAR FEMENINO

En los últimos meses, mujeres de diversas edades comenzaron a hacer públicas las situaciones de acoso que vivieron. Uno de los ejemplos más conocidos es el caso del Colegio Católico Cristo Rey, en el que unas alumnas decidieron poner un alto a sus compañeros que, durante un año, sacaron fotos íntimas a las jóvenes y las compartieron a través una nube de Google Drive.

Sin embargo, como cada situación es diferente, muchas mujeres aún callan el hostigamiento por temor a no ser creídas o a las represalias que los acusados pueden tomar en su contra. En este punto, se puede citar el caso de una joven que denunció haber sido acosada sistemáticamente por el director de la Cooperativa Villa Morra; la trabajadora sufrió las consecuencias de no callar, pues fue desvinculada de la entidad el mismo día en que sus vivencias se hicieron públicas.

Entre 2015 y 2017, la Policía Nacional registró mensualmente un promedio de 47 denuncias por coacción sexual, en territorio paraguayo. Ahora, para hacer estas acusaciones formales, es necesario conseguir pruebas que respalden la palabra de la mujer que se anima a hablar.

Las pruebas pueden ser testificales, consiguiendo la versión de personas que hayan presenciado el acoso, y documentales, como un registro de llamadas insistentes, mensajes y material audiovisual. Por otra parte, muchas mujeres no cuentan con estas evidencias físicas; sin embargo, un estudio psicológico de la víctima también puede ayudar en su causa.

ANTE UN ACOSO, ¿A QUIÉN RECURRIR?

El Ministerio de la Mujer brinda ayuda psicológica y guía en cuestiones legales a las mujeres que desean denunciar casos de acoso o coacción sexual. Uno de los enfoques de la cartera de Estado es evitar la doble sanción a la víctima, lo cual consiste en la reubicación de la misma a otra sección de la empresa para alejarla del hostigador; el ente público considera que esta medida no acaba con el problema, sino que expone a otras empleadas a sufrir situaciones similares.

Según la asesoría jurídica del Servicio de Atención a la Mujer (Sedamur), un acoso sexual parte del hecho de tocar el hombro de una persona, acariciar su cara, hacer insinuaciones acerca de su aspecto físico y cualquier actitud que atente contra las libertades de la afectada. Generalmente, el hostigamiento sexual inicia con un acoso laboral, con sobrecarga de trabajo y asignación de tareas que no corresponden a la persona; posteriormente, la situación adquiere un tinte sexual y se pueden dar desde ofrecimientos hasta amenazas.

La Sedamur asegura que el acoso sexual tiene dos vertientes. En primer lugar, se encuentra el ofrecimiento de beneficios laborales, por parte de un jefe; el segundo caso consiste en que una persona de mayor rango en el lugar de trabajo amenace con separar de su cargo a la afectada, si esta no accede a realizar lo solicitado.

EL ESPACIO PÚBLICO TAMPOCO ES SEGURO

La socióloga e historiadora Milda Rivarola afirma que el acoso, en todas sus formas, no es una cuestión netamente relacionada a la sexualidad, pues constituye un intento de demostrar cierto poder. “Los hombres que acosan no tratan de seducir, sino que intentan mostrar que pueden disponer de las mujeres; lo mencionado puede tener un origen cultural, ya que ‘piropear’ en las calles está bien visto, en el círculo masculino”, reflexiona.

Milda Rivarola, socióloga e historiadora.
Milda Rivarola, socióloga e historiadora.

La especialista afirma que ignorar el problema es una actitud muy paraguaya y que existe cierto egoísmo por parte de las mujeres que niegan el acoso, bajo el argumento de que si ellas no lo sufrieron, no existe. “Pese a esto, en general, hay más solidaridad porque, antes, las mujeres se desentendían de la violencia hacia ‘el sexo débil’, pero ahora hay más reacción contra los acosadores”, acota.

“Habitualmente, como los puestos de poder y de dinero están en manos de los hombres, ellos tienen más posibilidad de acosar que el sector femenino”, agrega la socióloga. Asimismo, Rivarola asegura que las mujeres son afectadas por la cultura de dominio masculino, incluso en la vía pública y, muchas veces, se sienten culpables y tienden a creer que hicieron algo para merecer el acoso.

LA DIFUSA FRONTERA ENTRE EL ACOSO Y UN HALAGO

Pese a que el acoso y la coacción tengan sentidos diferentes en la ley, en la vida cotidiana, ¿qué separa un piropo del hostigamiento? Un galanteo pasa la línea de lo correcto cuando existe insistencia ante la negativa de alguna de las personas.

Lilian Soto, política e investigadora en cuestiones de género, señala que “cualquier tipo de conducta, que alguien siente como agresiva, es acoso; si eso constituye o no un hecho punible, depende del proceso judicial que hay que hacer al respecto”.

Lilian Soto, política e investigadora en cuestiones de género.
Lilian Soto, política e investigadora en cuestiones de género.

Soto piensa que hablar de “exageración” representa una forma de minimizar el acoso sexual y que esta actitud negativa ante el problema daña a quienes lo enfrentan todos los días. “Estas conductas se ven en las sociedades machistas y conservadoras, en las que muchas mujeres son sometidas a una serie de acciones consideradas normales”, asegura.

EL ACOSO Y SUS HUELLAS EN LA MENTE

“En mi trabajo como terapeuta, me pude dar cuenta de que, con un sistema patriarcal que criminaliza a las mujeres, ellas terminan dudando de una situación de acoso o abuso, ya que el entorno no cree y ellas mismas comienzan a dudar”, afirma Paola Kohler, terapeuta familiar de la Red Feminista de Salud Mental. La especialista afirma que resulta difícil para las mujeres identificar el acoso y que, por ende, muchas tienden a pensar que son actitudes normales.

Paola Kohler, terapeuta familiar de la Red Feminista de Salud Mental.
Paola Kohler, terapeuta familiar de la Red Feminista de Salud Mental.

“Cada situación de estrés, aunque haya ocurrido una sola vez como, por ejemplo, que alguien te muestre los genitales en el colectivo, puede tener secuelas psicológicas”, explica Kohler. Asimismo, la terapeuta asegura que el hecho también puede darse al contrario, pues los hombres también pueden sentir acoso; no obstante, este se manifiesta en ocasiones individuales y no en un sentido normalizado y colectivo como en el caso de la sexualización del cuerpo femenino.

“Hay que 'desaprender' el acoso para que este no siga perpetuándose; es necesario hablar de que eso no está bien y que violenta las libertades individuales, pues una persona, cuando se encuentra con temor, no es lo suficientemente libre de hacer lo que desea”, explica la psicóloga.

La profesional afirma que la negativa de muchas mujeres a aceptar la existencia del hostigamiento es porque cuesta aceptar que cada una, en algún momento, lo sufrió.

En la actualidad, al existir una mayor conciencia de la importancia de denunciar las situaciones de acoso o coacción sexual, cabe esperar que más mujeres dejen de sufrir en silencio y que esta problemática ya no sea considerada como algo normal.

Reportaje de Belén Cuevas (17 años)