En los colectivos, plazas, bares, veredas, zonas de construcciones y en cualquier lado, las mujeres sufren de acoso por parte del sexo opuesto. Estas situaciones generan momentos incómodos para las chicas, pero para los hombres constituyen hechos "placenteros y normales".
El acoso callejero se manifiesta a través de una mirada, palabras o algún contacto físico no deseado que se da de manera irrespetuosa, rara y atemorizante y que afecta emocional o físicamente a una persona. En el país no existen estadísticas exactas sobre cuántas mujeres sufren este tipo de violencia, pero el Ministerio de la Mujer recibe constantes denuncias que demuestran esta problemática como algo cotidiano.
La belleza de una joven no se admira con un hacer "ojitos" o decir algún piropo. Las mujeres no deben ser vistas como objetos sexuales, ellas merecen tener las mismas oportunidades que los hombres, pues tienen capacidades intelectuales y físicas muy similares. Muchas trabajadoras tuvieron que soportar algunas miradas y palabritas desubicadas de parte de sus jefes y compañeros para conservar sus puestos.
Aguantarse nomás los toqueteos, silbidos o palabrotas no es el precio que se debe pagar por el simple hecho de ser mujer. Aunque se piense que es algo normal, el "sexo débil" no debe cerrar la boca ante esta gran problemática que sufre. Ellas ya no quieren pasar por esos maltratos, por eso se animan a denunciar estos actos poco caballerosos.
Gritar un piropo no es una forma cultural de demostrar atracción por las mujeres. Así también, un hombre no es “kuña’i” porque no recitó algún piropo a una chica que estaba caminando. El verdadero caballero respeta y valora los sacrificios de una dama y la acompaña, no para pedirle su número, sino para apoyarla ante momentos difíciles.
Muchos de los hombres piensan que las chicas se sienten halagadas cuando les comienzan a gritar y silbar, pero en realidad no es así. Un acoso produce momentos súper incómodos, tal vez traumáticos, que casi todas las jóvenes tuvieron que callar.
Cualquier mujer quiere salir de su casa tranquila y sin temor a que algún joven desubicado le comience a gritar y que, a la hora de subirse al bus, un muchacho se ponga detrás de ella para manosearla. En el caso de que pases un mal rato, conseguí pruebas haciendo alguna grabación con el celular y denunciá marcando el 137, del Ministerio de la Mujer. Allí vas a obtener atención psicológica y apoyo legal completamente gratuitos.
Por José Peralta (19 años)
