El fanatismo no es bueno en ningún sentido, ya que esta actitud no da lugar a la objetividad y al uso de la razón; la juventud paraguaya no debe tener adicción desmedida a ningún partido político o candidato. Existen personas que votan teniendo en cuenta los colores y no las propuestas; esta realidad se agrava con el hecho de que algunos ciudadanos entregan sus votos por pequeñas sumas de dinero.
Los debates sobre política suelen terminar en discusiones fuertes. Estas disputas son un obstáculo para el crecimiento de cualquier país; todos buscan que la sociedad avance, pero el progreso no puede darse en un pueblo dividido.
La política es una herramienta valiosa para el crecimiento de una nación, pero esta es mal aplicada en el país. Es inútil idolatrar un partido o un candidato, pues muchas veces los aspirantes utilizan a sus seguidores para conseguir poder y luego se olvidan de los mismos.
Algunos compatriotas son tan fanáticos que llegan al extremo; por ejemplo, de no vestir prendas que no sean del color que representa a su movimiento político. También existe rivalidad entre personas del mismo partido; cuando este se encuentra fragmentado y en los comicios internos los seguidores de distintos candidatos discuten sobre quién de ellos es el mejor.
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Los ciudadanos caen en el error de admirar en demasía a los representantes del movimiento al que pertenecen. En algunos casos, los seguidores protegen a capa y espada a sus candidatos, aun cuando estos no sean honestos y tengan un pasado objetable.
Los jóvenes que ya alcanzaron la mayoría de edad deben interesarse más en cuestiones políticas, no desde la perspectiva de un fanático, sino con una postura objetiva y exigente. Estos nuevos electores tienen que acabar con la larga historia de votos comprados y de fanatismo desmedido.
Al momento de elegir representantes, el ciudadano debe restarle importancia a su partido político y analizar la propuesta del candidato. Las listas, los colores y las calcomanías son inútiles cuando se trata de velar por el bienestar del pueblo.
Por Belén Cuevas (15 años)
