Parecía un déjà vu del mes de mayo del 2016, pero no lo era, pues, realmente, los alumnos del Centro Regional de Educación Saturio Ríos volvían a tomar su institución educativa, la más grande de San Lorenzo. Los estudiantes denunciaban corrupción en la dirección general y la del Nivel Medio y mostraban facturas en las que constaba que se compraron varios kilos de asado, chorizo e, incluso, patas de cerdo con dinero del Estado, pues en los documentos figura el RUC del MEC.
Posteriormente, los jóvenes sacaban a luz otras falencias en el Centro Regional. Irregularidades en las funciones de la Asociación de Cooperadora Escolar, acoso de un docente hacia varios alumnos, discriminación de los directivos hacia los estudiantes, aulas clausuradas y el mal desempeño de muchos educadores son los otros puntos que fundamentan la toma del Saturio Ríos.
Estos problemas no son nuevos en la institución, pues la misma no cuenta con una directora general hace años y hay denuncias de sobrefacturación en la compra de sillas con dinero del Fonacide. A pesar de esto, por las redes sociales varias personas tildan a los alumnos de patoteros, vándalos, haraganes e, incluso, piden una imputación penal para los mismos. Es más, varios exalumnos, conocedores de la problemática en el Saturio Ríos, criticaban a los estudiantes en huelga y sus reclamos.
En el paraguayo ha quedado instalada esa creencia que viene de épocas oscuras, es decir, aquello de que salir a manifestarse solo sirve para haraganear y perder el tiempo. Los grandes logros cívicos para la nación no se consiguieron con la pluma, pues cuando el diálogo no prospera, tristemente se deben buscar métodos más duros para cambiar las cosas. Los chicos del Saturio Ríos no superan los 18 años; ellos están dando una lección de civismo a todos los exalumnos de dicha institución que fueron cómplices al saber de irregularidades y desinteresarse o permanecer callados.
Los jóvenes pueden cometer errores, pues en esta vida les sobra mucho que aprender y equivocarse. Pero son los jóvenes quienes se animan a salir a las calles y reclamar sus derechos; lo demostraron en #UnaNoTeCalles, en la toma de colegios del 2016, en el 31M y, nuevamente, en esta toma del colegio Saturio Ríos. A pesar de las críticas de personas que hacen guerra detrás del teclado, los estudiantes siguen dando cátedra de civismo en el Paraguay.
Una frase muy cliché es aquella que dice “ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”. Los jóvenes no son solo el futuro, sino también el presente del país. La toma del Saturio Ríos es solamente una muestra más del espíritu de cambio que tienen los estudiantes; son ellos quienes, en unos años más, sacarán del poder a toda la vieja politiquería e iniciarán una nueva etapa, un verdadero nuevo rumbo, una auténtica democracia.
Por Brian Cáceres Véron (18 años)
