A partir del año 2002, se expandieron en diversos países las casas de apuestas deportivas, desde aquella difusión, fueron apareciendo las diferentes empresas en el mundo, con la modalidad de jugar de manera online. La cantidad de dinero que puede llegar a ofrecer como premio es la base del negocio.
Desde la llegada de una de estas casas de apuestas a nuestra tierra, el impacto no se hizo esperar mucho tiempo y, hoy día, es uno de los referentes a nivel de juegos de azar en el país.
Se cambiaron totalmente los chips de los fanáticos futboleros. Para muchos se volvió casi una tradición ir a los locales de apuestas antes de los partidos del día; claro, este negocio también ofrece otras modalidades deportivas, pero acá reina el balompié.
Apostar por equipos favoritos como el Real Madrid o el Olimpia y combinar esa elección con una hazaña de, por ejemplo, que el modesto Tacuary venza a Cerro Porteño en una de las fases de la Copa Paraguay son uno de los prototipos de opciones para ganar una buena cantidad de dinero.
Las apuestas deportivas pueden generar adicción a nivel neurológico, según la psicóloga Norma Parandieri: “Uno de los manuales que más se utilizan para diagnosticar en el área indica que los juegos de azar pueden generar modificaciones y trastornos cerebrales similares a los que producen las drogas como la marihuana o la cocaína”, afirma.
La profesional indica que las consecuencias son prácticamente iguales a las drogas sustanciales: “La persona busca constantemente el premio. Si gana, se siente muy a gusto y, si pierde, lo vuelve a intentar arduamente, para tratar de revivir esa satisfacción. Llega un momento en que ya no le queda dinero, entonces, empieza a prestar e, inclusive, robar para volver a apostar”, explica la profesional.
Hay que tener cuidado a la hora de lanzarse al mundo de los juegos de azar, ya que, mediante las disponibilidades y facilidades con las que cuentan estas plataformas hoy día, en un simple pestañeo uno puede convertirse en un adicto. No te olvides: es mejor apostar por la salud.
Por Ricardo Núñez (19 años)
