El perro arma “fiesta” cuando llegás a casa, mientras que el gato sube a tus piernas, se pone cómodo y empieza a ronronear; los hábitos de tus mascotas te llenan de ternura. Pero hay un contraste muy marcado entre tus animales y otros que tienen miedo de acercarse a sus dueños.
Es “normal” ver que el vecino golpee a su mascota, pero no es correcto. Cuando querés tomar cartas en el asunto y defendés al animal, su dueño seguro dice que no te metas en sus cosas; ¿qué más podés esperar de una persona cruel?
“Si quieres saber cómo es alguien, mira de qué manera trata a sus inferiores, no a sus iguales”, escribe J. K. Rowling en la saga Harry Potter. Golpear a un animal inocente es un claro signo de que algo no está bien en la persona; una sociedad que admite los actos violentos hacia seres indefensos es un pueblo enfermo. A veces, la violencia llega a extremos macabros; se puede mencionar el caso de un gato crucificado en Ñemby en febrero de este año. Quienes torturaron a este felino no deberían andar sueltos, pues representan un peligro tanto para personas como para animales.
En las últimas semanas, se hizo viral el video donde se ve cómo una persona tortura y mata a un perro; situaciones similares ocurren todos los días, pero pocas veces son denunciadas a las autoridades correspondientes.
Actualmente, existe una disposición legal que condena a dos años de cárcel a aquellos que torturan a los animales. Dicha norma es apenas el comienzo de una larga lucha; las leyes no funcionan por sí solas, pues los ciudadanos tienen el deber de denunciar a quien cometa atrocidades contra los animales.
Las mascotas no son cosas de las que el hombre pueda abusar. Estos animales merecen respeto y tienen derecho a una vida digna como cualquier ser vivo. Los animales no son juguetes desechables ni sacos de boxeo. Es una lástima que las personas descarguen su ira en estas inocentes criaturas; si la situación fuera inversa, no lo disfrutarían tanto, ¿verdad?
Por Belén Cuevas (15 años)
