Desde pequeña, se acostumbró a hablar cuando los demás no se animaban y pasaba tardes enteras plasmando historias ficticias en su cuadernito del colegio. Sentía una gran pasión por la lectura y defendía con tesón sus ideales.
Alentaba a sus compañeros a que se interesen por lo que ocurría en sus comunidades y se preocupaba genuinamente por los demás. Era una soñadora y se convenció de que ser periodista era su auténtica vocación.
Decidió contárselo a sus padres, pero se encontró con una respuesta dolorosa. Ellos crecieron en una época distinta y en ese entonces era inadmisible hablar públicamente sobre lo que uno pensaba. Desde jóvenes, papá y mamá empezaron a trabajar en el negocio familiar, ya que venían de hogares muy humildes y, acorde a esa tradición, aconsejaron a la hija que optara por el mismo camino.
Se sentía muy desmotivada y por ello decidió conversar sobre el tema con sus amigos. Se sorprendió al notar que sostenían los mismos prejuicios que sus padres: “¡Es peligroso eso! Te pueden matar si hablás de ciertas cosas…, si antes no morís de hambre. Además, es muy fácil eso, vos sos inteligente y te da para algo más; ¿por qué mejor no seguís otra cosa?”, le dijeron.
Estos comentarios resonaron por un largo tiempo en su cabeza y la carcomían por dentro. Nunca había explorado una posibilidad distinta a convertirse en lo que siempre soñó, ser periodista, y le aterrorizaba la idea de que sus amigos tuviesen razón.
Tenía miedo, pero quería cambiar la realidad del país y para ello debía asumir el compromiso de hablar por los que no tienen voz. A pesar de todo, decidió ir tras sus sueños, que eran más fuertes que los prejuicios.
No fue un camino fácil, mas nunca desistió. De noche, llegaba a la facultad exhausta, ya que durante el día ayudaba a sus padres en el copetín familiar. Alternaba sus horas entre estudiar, limpiar cubiertos y atender clientes.
En la actualidad, a sus 25 años, Oriana es una periodista apasionada, con un futuro prometedor y determinada a luchar contra los estigmas que la sociedad otorgó a su profesión.
Como ella, muchos jóvenes se ven condicionados en la elección de sus carreras universitarias por la falta de apoyo de familiares y amigos, pero de todas maneras deciden persistir y dedicarse a lo que aman.
El periodismo fue, desde siempre, una profesión perseguida por chocar contra el poder y contra las injusticias, por lo que es víctima de constantes prejuicios. Pero no por eso debemos desalentarnos, ya que somos nosotros los que decidimos qué tipo de profesionales queremos ser y el aporte que queremos brindar a la sociedad desde nuestra posición. Si Oriana pudo, ¿por qué vos no?
Agustina Vallena (18 años)
