Cuenta Ovelar que a finales de la década del 70, e inicios de los 80, Sarita Mussi, de la agencia publicitaria Estudio Uno (donde él se desempeñaba como director de Cuentas publicitario para el diario), recibió una llamada del señor Ángel Arias para invitarla a una reunión sobre una campaña para ABC Color.
Destaca que había mucha afinidad porque Sara Mussi había sido funcionaria del diario hasta 1969, año en que se retiró para fundar su propia agencia de publicidad.
“Recuerdo haber asistido a esa primera reunión en la que estaban el director, don Aldo Zuccolillo, el señor Ángel Arias y Sara Mussi. Necesitamos una campaña diferente y especial, Sarita, le dijo don Acero a la directora de Estudio Uno”, memora.
“ABC venía de una campaña anterior, con muy buenos resultados, transmitiendo el concepto de cordialidad. Era un spot creado y filmado por don Carlos Saguier, con imágenes de personas vestidas a la usanza antigua, transmitiendo valores de amistad, confraternidad, respeto y cordialidad. Acompañaba el spot televisivo un jingle que se había hecho especialmente para ese material. Como elementos de apoyo se hicieron calcomanías con ese mismo concepto. Esas gráficas perduraron por años. Era común observar en aquella época, y en años muy posteriores, la calcomanía de una sonrisa pegada al vidrio trasero de los automóviles, acompañada del logotipo del diario”.
“El trabajo no era fácil. Teníamos que hacer una campaña publicitaria para un diario sin mostrar el diario. Es decir, sin mostrar su principal y único producto visible. Pero el eje fundamental era lo que el director del diario nos había dicho que la campaña: debía transmitir positivismo. Y sobre eso debía basarse la campaña”.
Como resultado de esas largas jornadas de discusiones creativas en la agencia, se habían decidido dos cosas: en primer lugar, que el material televisivo debía ser con la técnica del cartoon, es decir, dibujos animados. Así marcaríamos la primera diferencia. En segundo lugar, con la campaña deberíamos transmitir que todos los que vivimos en Paraguay debíamos pintar optimismo en la gente, sembrar paz, amor, concordia y esperanza”.
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“En aquel entonces, en Paraguay, no teníamos muchos recursos técnicos de proveedores nacionales, ni tampoco estábamos muy afilados en producción de una buena calidad de los dibujitos animados en publicidad, como requería el diario. Ante ello, recurrimos a una persona con la que habíamos tenido buenos resultados para elaborar jingles para otros clientes. Era el señor Eduardo Schejtman, de la Argentina. Tenía una productora de películas y sonidos. Él le dio forma a la propuesta”.
“Me ha tocado en suerte estar en la preproducción de los guiones y en la elaboración del storyboard, allá en Argentina, trayendo luego esos materiales previos a Estudio Uno, que luego fueron presentados a los señores Zuccolillo y Arias. Habíamos dejado la propuesta con miras a su análisis posterior por otra gente del diario”.
“Recuerdo que el doctor Rufo Medina nos había hecho algunas correcciones del texto del jingle y algunas sugerencias del material de televisión, que fueron tenidas en cuenta en el momento de la elaboración”, afirma.
“Con los materiales aprobados y entregados, se inició la campaña de difusión en las dos emisoras de televisión existentes en la época, canales 9 y 13, este último recién inaugurado, y en las principales emisoras de radio de la capital. Rápidamente, mucho más de lo que pensábamos nosotros, se logró un altísimo índice de recordación de los anuncios y una excelente acogida del tierno y esperanzador mensaje”, recuerda Ovelar.
Luego, el material era difundido cada cierto tiempo coincidente con fechas especiales del calendario, como Navidad y en periodos coincidentes con el aniversario de ABC.
“Recuerdo, en la época del cierre del diario, que se difundió el material como un mensaje de resistencia y lucha por la libertad. Más allá de un callado grito de justicia del diario, se convirtió en un verdadero ícono de búsqueda impaciente de un futuro mejor, por parte de una generación consciente que buscaba afanosamente un país libre”, explica.
“En varias oportunidades posteriores, ya como Senior Publicidad, cuando fuimos agencia del diario por muchos años, habíamos intentado hacer actualizaciones, sobre todo a los dibujitos originales, pero siempre hemos recibido el: eso no se toca, de parte del señor Zuccolillo”.
“Hoy, el señor Acero ya no está, pero quedó uno de los varios testimonios de su búsqueda constante de futuro, libertad y esperanza para todos. Su lucha fue a través del diario, y, a través de la campaña publicitaria del pintorcito, también dejó la impronta de su filosofía de vida”, reflexiona Ovelar.
Y así fue que esa dulce canción está convertida hoy en himno: “Estoy pintando un cielo nuevo con los colores de esperanza y amor / Estoy abriendo muchas ventanas para que entre la luz del sol / Estoy pidiendo que todos pinten una sonrisa con mucho amor / ¡Con el trabajo de nuestra gente disfrutaremos un tiempo mejor!”. Y, al final, el cierre con el mensaje esperanzador: ¡PINTEMOS TODOS JUNTOS UNA SONRISA EN EL ROSTRO DE LA PATRIA!
