Salud sexual en viajes largos: prevención de infecciones y cómo mantener el cuidado lejos de casa

Pareja en la cama.
Pareja en la cama.Shutterstock

Viajar por meses, hacer voluntariados o vivir un tiempo en otro país se ha vuelto cada vez más común. En esa vida en movimiento aparecen nuevos amigos, nuevas parejas y, muchas veces, más libertad. Junto con eso, también aumentan los riesgos de infecciones de transmisión sexual (ITS) si no se toman recaudos.

Especialistas en salud sexual señalan que no se trata de asustar, sino de planificar: la misma energía que se pone en comprar pasajes y buscar alojamiento debería ponerse en pensar cómo cuidarse.

Riesgos que se olvidan en la valija

Durante un viaje largo es frecuente cambiar de ciudad, de grupo de amigos y de pareja. El consumo de alcohol u otras sustancias, las fiestas y la sensación de “estar de vacaciones” pueden llevar a tener relaciones sexuales sin protección.

Pareja en la cama.
Pareja en la cama.

A esto se suma que, en otro idioma o en un sistema de salud desconocido, algunas personas evitan consultar ante síntomas como ardor al orinar, secreciones o lesiones en la zona genital. Eso permite que infecciones como clamidia, gonorrea, sífilis o VIH se sigan transmitiendo sin ser detectadas.

Prevención antes de salir

El primer paso de cuidado empieza antes del vuelo. Profesionales de la salud recomiendan hacerse un chequeo de ITS, incluyendo pruebas de VIH y sífilis, y actualizar vacunas como hepatitis B y, si corresponde por edad, VPH.

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Anticonceptivos.
Anticonceptivos.

También es útil hablar con un médico sobre métodos anticonceptivos y, si se está en un grupo de riesgo, evaluar la profilaxis pre-exposición (PrEP) para VIH.

Llevar suficientes preservativos y, en el caso de mujeres, también preservativos internos y pastillas anticonceptivas, evita depender de la oferta local, que puede ser cara o limitada.

Cómo cuidarse durante el viaje

La regla básica se mantiene: el uso correcto del preservativo desde el inicio hasta el final de la relación sexual reduce de forma importante el riesgo de ITS y de embarazos no deseados. Es importante guardarlos en lugares frescos, lejos del calor extremo de mochilas y autos.

Si se tienen múltiples parejas sexuales, los expertos recomiendan hacerse chequeos periódicos, incluso sin síntomas. Muchas ciudades grandes cuentan con clínicas de salud sexual de bajo costo o gratuitas; su ubicación suele aparecer en los sitios oficiales de los ministerios de salud o en mapas de organizaciones comunitarias.

Además del cuidado físico, el consentimiento es clave. El sexo debe ser acordado libremente, sin presiones, y cualquier persona tiene derecho a cambiar de opinión en cualquier momento, aunque la situación ya haya empezado.

Si algo sale mal: a quién acudir

Si se rompe el preservativo, hay sexo sin protección o una relación no consentida, es fundamental pedir ayuda médica lo antes posible.

En las primeras 72 horas se puede acceder, en muchos países, a la profilaxis post-exposición (PEP) para reducir el riesgo de VIH, y a anticoncepción de emergencia para prevenir un embarazo.

Ante síntomas como dolor, secreciones, llagas o sangrados inusuales, no conviene esperar a “volver a casa”. Postergar la consulta puede complicar el cuadro y facilitar nuevos contagios.

Hablar de sexo también es parte del plan

La salud sexual no debería ser un tema incómodo en la planificación de un viaje largo. Conversar con amistades, parejas y profesionales de la salud, informarse sobre los servicios del lugar de destino y llevar lo necesario para cuidarse puede marcar una gran diferencia.

La aventura y el placer también se disfrutan más cuando el cuerpo está cuidado y las decisiones se toman con información clara, incluso a miles de kilómetros de casa.