El origen del mito
La imagen del sillín estrecho presionando el perineo —la zona entre los genitales y el ano— lleva años alimentando advertencias sobre supuestos daños irreversibles en la función sexual.

Foros de internet, conversaciones de grupo y hasta algunos profesionales de la salud han contribuido a que muchos hombres y mujeres se pregunten si pedalear mucho “pasa factura” a largo plazo.
Sin embargo, la relación entre ciclismo y salud sexual es más compleja que un simple “sí o no”. Depende de la postura, del tipo de sillín, del tiempo de exposición y de factores de salud previos.
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Qué dice la ciencia
Estudios publicados en revistas como Journal of Urology y The Journal of Sexual Medicine han encontrado que el ciclismo intenso puede asociarse a síntomas como hormigueo, adormecimiento genital o molestias perineales, sobre todo en varones que pasan muchas horas seguidas sobre la bici.
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Pero cuando se analiza la disfunción eréctil en sí, los resultados son mucho menos alarmistas. En varios trabajos comparativos, los ciclistas no muestran más problemas de erección que corredores o nadadores del mismo nivel, e incluso algunos estudios señalan mejor función eréctil, probablemente por el efecto protector del ejercicio cardiovascular.
En mujeres, la investigación es más limitada, pero los datos disponibles apuntan a algo parecido: puede haber cambios temporales en la sensibilidad vulvar por presión y vibración, aunque no se ha demostrado un aumento claro de disfunción sexual global frente a otros deportes.
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Diferencias entre hombres y mujeres
En hombres, la principal preocupación es la presión directa sobre la uretra y los vasos sanguíneos y nervios que irrigan el pene. Una postura muy inclinada hacia delante, o un sillín muy estrecho o mal regulado, puede comprimir estas estructuras y provocar entumecimiento transitorio.

En mujeres, el problema se concentra en la presión sobre la vulva y el clítoris. Sillines con punta elevada, o diseñados pensando solo en anatomía masculina, pueden causar dolor o irritación, sobre todo en salidas largas o en terrenos bacheados.
Factores de riesgo reales
Los especialistas coinciden en que el riesgo aumenta cuando confluyen varios factores:

- Muchas horas continuas sin cambios de postura.
- Sillín inadecuado para el peso y la anatomía de la persona.
- Altura y avance del sillín mal ajustados, que obligan a “caer” sobre la zona perineal.
- Barra demasiado baja en bicis deportivas, que exagera la posición aerodinámica.
También importa el estado de salud previo: tabaquismo, diabetes, hipertensión y colesterol alto afectan a los vasos sanguíneos y los nervios, y son causas mucho más frecuentes de disfunción eréctil que cualquier sillín.
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Cómo pedalear sin perder sensibilidad
Los expertos en medicina del deporte insisten en que la prevención pasa por la ergonomía, no por abandonar la bicicleta:
- Elegir un sillín con superficie de apoyo amplia y, si es necesario, con canal central o abertura para reducir la presión en el perineo.
- Ajustar correctamente altura, inclinación y retroceso del sillín, idealmente con la ayuda de un biomecánico.
- Alternar la posición: levantarse del sillín unos segundos cada pocos minutos en rutas largas para aliviar la presión.
- Usar culotes acolchados y evitar costuras gruesas en contacto con la zona genital.
- Aumentar progresivamente el tiempo de pedaleo para que tejidos y musculatura se adapten.
Si aparecen hormigueo o adormecimiento que persisten más allá de la salida en bici, conviene replantear la postura y el material.
Cuándo consultar a un profesional
La presencia de dolor intenso, pérdida de sensibilidad que no mejora tras días de descanso, dificultades nuevas para lograr o mantener la erección, o dolor genital en mujeres que interfiere con las relaciones sexuales son motivos suficientes para acudir al médico.
Un urólogo, ginecólogo o especialista en medicina deportiva puede valorar si los síntomas se relacionan con el ciclismo o con otros problemas subyacentes, y proponer ajustes, tratamientos o cambios de hábito.
La evidencia acumulada apunta en una dirección clara: el ciclismo, practicado con criterio y con una bicicleta bien ajustada, es más un aliado que un enemigo de la salud sexual. El verdadero riesgo no parece estar en pedalear, sino en hacerlo mucho, mal y sin escuchar las señales del propio cuerpo.
