24 de febrero de 2026
Hace unos años, llamó mi atención la raída tapa de un libro de bolsillo; se trataba de El retorno de los brujos, expuesto en una librería asuncena. La tapa mostraba una caricatura vudú o algo así. Lo compré, por supuesto, lo leí –tengo que admitirlo, no sin cierto recelo a la concepción de ideas que antes no se habían presentado a mi mente– y terminé considerándolo en su sitio de honor, como una de las grandes obras del pensamiento humano que decora atiborrada, junto con unos escasos volúmenes, mi biblioteca. Así conocí las letras y, a la postre, las ideas, de dos grandes pensadores franceses. Me referiré a uno de ellos.