16 de febrero de 2026
¿Tiene lógica lo que estamos asegurando y cómo lo estamos asegurando? Ante esta pregunta, el sentido común es la primera línea de defensa. Un posible asegurado solicitó una propuesta de seguro para un pequeño restaurante con una suma asegurada muy superior a su valor real. El suscriptor notó esa discrepancia y su criterio o sentido, sumado a su vasta experiencia, le daban señales de que algo no estaba encajando. La primera pregunta vuelve a ser la misma: ¿Por qué alguien aseguraría un riesgo por dos veces su valor real? La revisión posterior reveló señales de alerta: problemas financieros del restaurante y un historial de reclamaciones dudosas. El sentido común activó un análisis más profundo que ningún algoritmo habría detectado. La póliza por supuesto no se emitió. Y semanas después, otra compañía sufrió un siniestro en ese mismo local.