9 de julio de 2026

El periodista Mikel González comenta desde Madrid la puesta en escena en el Teatro Infanta Isabel de la adaptación de La Celestina, de Fernando de Rojas, realizada en Paraguay por el historiador y novelista español Félix Álvarez Sáenz (Azofra, La Rioja, 1945 - Cercedilla, Madrid, 2006) y publicada en nuestro país en 1999 por el sello editor nacional Arandurã.

Jeronimus van Aken nació en una familia de pintores –su abuelo, Jan van Aken, su padre, Anthonius van Aken, y sus tres hermanos mayores eran pintores– alrededor de 1450 en la ciudad holandesa de Hertogenbosch, «el bosque ducal», en francés Bois-le-Duc y en castellano, algo desusado, Bolduque, capital septentrional del ducado de Brabante, en lo que son actualmente los Países Bajos. De Hertogenbosch, comúnmente llamada Den Bosch, tomó el nombre con el que firmaría algunas de sus obras. En vida, algunos lo consideraron loco, y otros, herético, pero Pieter Bruegel el Viejo se dejó influir por él, y Felipe II lo apreció tanto que debido a ese aprecio la más importante colección de obras del Bosco se conserva en España, en el Museo del Prado. El Bosco murió en los primeros días del mes de agosto de 1516, tal vez a consecuencia de una epidemia, se cree que de cólera, que asoló la ciudad ese verano.

La compleja y enigmática obra del Bosco ha inspirado lecturas tan brillantes como las de John Berger, fallecido el lunes, apenas concluido el año 2016, del quinto centenario de la muerte del gran pintor flamenco. Los recordamos a ambos con el tríptico del Jardín de las Delicias.

La personificación de la muerte se remonta cuando menos a la alegoría tardomedieval de la Danza Macabra: la imagen del zombi en el cine, el cómic y la televisión podría ser, en una inversión anacrónica, evocada por estos frescos, óleos, bajorrelieves, grabados.

Sus retratos se caracterizan por el notable realismo, el clima de introspección e intimidad y los juegos de sombras; sus personajes, que posan generalmente contra un fondo oscuro, y nunca miran al espectador, se muestran serenos y dueños de sí, llenos de mesura y de una discreta y tranquila dignidad, como si trasuntaran ya los valores que estaba difundiendo la Reforma protestante. Siguiendo con la historia de las mujeres pintoras, hoy recordamos a Catharina van Hemessen (1528-1587) en El Suplemento Cultural.