7 de julio de 2026

Durante años, las organizaciones y los líderes aprendieron a contar historias. Se llenaron salones con el poder del storytelling: estructurar un mensaje, construir tensión narrativa, conectar con la audiencia. Y funcionó. La empresa movilizó equipos, posicionó una marca o instaló una idea en la agenda pública. Pero el relato sin respaldo se convirtió en ruido en la era de la infoxicación.