10 de marzo de 2026

Los tribunales de conducta de los partidos políticos tienen como objetivo eliminar la disidencia, es decir el desacuerdo de alguien o de un grupo con la cúpula partidaria, aunque en realidad lo que se busca es eliminar la competencia de liderazgo. Pero lo más grave de las sanciones disciplinarias es que atentan contra la naturaleza de la representación política, atribuyéndose las élites políticas la propiedad de los representantes del pueblo, sobre los cuales pretenden mantener el dominio.