Islandia, el lugar perfecto para la distancia social

En abril de 2019 llegaron a Islandia más de 120.000 viajeros. En abril de 2020, fueron exactamente 924. Tras años de gran crecimiento del turismo en ese país, la crisis por la pandemia de coronavirus prácticamente paralizó todo el sector.

La cantidad de visitantes fue creciendo en Islandia en forma constante en los últimos años, hasta llegar a un punto en que se buscaba estabilizarla para mantener un turismo sustentable. Pero el coronavirus revirtió completamente la tendencia.
La cantidad de visitantes fue creciendo en Islandia en forma constante en los últimos años, hasta llegar a un punto en que se buscaba estabilizarla para mantener un turismo sustentable. Pero el coronavirus revirtió completamente la tendencia.Steffen Trumpf

Para la isla en el Atlántico norte con sus apenas 360.000 habitantes eso supone una pérdida multimillonaria este año. Pero los islandeses mantienen su optimismo, aun cuando en Reikiavik saben que volver a las cifras turísticas de años anteriores llevará tiempo.

Las cifras de este sector fueron subiendo de manera constante durante la última década. La erupción del volcán Eyjafjallajökull en 2010 catapultó a la isla a la conciencia internacional y hasta 2018 el número de visitantes extranjeros subió de unos 500.000 a más de 2,3 millones.

En 2019 el número se estableció en torno a los dos millones, una cifra estable que los islandeses quisieran mantener a la larga, para poder organizar el turismo en torno a sus géiseres, cascadas y fuentes calientes de manera sustentable.

Pero entonces apareció el coronavirus. Debido a la pandemia y a las restricciones, cancelaciones de vuelo y fronteras cerradas vinculadas a ella, en el aeropuerto internacional de Islandia en Keflavik, cerca de Reikiavik, esta primavera boreal apenas aterrizaron pasajeros.

PUBLICIDAD
Turistas observan el géiser Strokkur en Islandia. La cantidad de visitantes fue creciendo en forma constante en los últimos años, hasta llegar a un punto en que se buscaba estabilizarla para mantener un turismo sustentable. Pero el coronavirus revirtió completamente la tendencia.

Los 924 pasajeros de abril suponen la cifra más baja de visitantes en Islandia desde 1961, estimó la emisora radial RÚV. También mayo fue flojo: Unos 1.035 viajeros llegaron ese mes a Keflavik, lo que supone un retroceso del 99,2 por ciento con respecto al mismo mes del año anterior.

"En realidad, las señales para 2020 eran muy auspiciosas, de no haber sido por el covid", dijo la directora de la oficina islandesa de turismo Visit Iceland, Sigrídur Dögg Gudmundsdóttir. Ya se descarta que este año se puedan alcanzar las cifras de 2019. "En los últimos meses caímos casi a cero", señaló Gudmundsdóttir.

Al igual que en otros países, la crisis impactó sobre todo en los dueños de restaurantes, los hoteleros y las agencias de turismo y el Gobierno islandés intenta mitigarla con medidas de ayuda. Las empresas pueden, por ejemplo, postergar el pago de algunos impuestos hasta el año que viene.

PUBLICIDAD

Pero ya a mitad de año queda claro que las pérdidas son enormes: según Gudmundsdóttir, en 2019 los viajeros provenientes del exterior aportaron 383.000 millones de coronas islandeses -unos 2.500 millones de euros o casi 3.000 millones de dólares- a las arcas islandesas. Para el 2020 se estima que serán aproximadamente entre 250.000 y 300.000 millones de coronas islandesas menos.

"No sabemos cuántos turistas visitarán Islandia este año. Ni siquiera estoy segura de que podamos alcanzar los 600.000", dijo la ministra islandesa de Turismo, Thórdís Kolbrún Gylfadóttir.

En las atracciones turísticas más concurridas primero hubo preocupación respecto de cuántas personas podrían admitir como máximo. "En algunos lugares nos preocupamos por un posible exceso de turistas. Pero ahora más bien nos preocupamos por la falta de ellos".

Un hombre fotografía la laguna glaciar Jökulsárlón, en el sur de Islandia. La cantidad de visitantes fue creciendo en forma constante en los últimos años, hasta llegar a un punto en que se buscaba estabilizarla para mantener un turismo sustentable. Pero el coronavirus revirtió completamente la tendencia.

Tras los meses más intensos del coronavirus, la primavera trajo en Reikiavik la esperanza de que también el turismo pudiera volver a recuperarse. Por un lado, desde hace semanas casi no hay infecciones nuevas en Islandia. Por el otro, el tráfico aéreo internacional está aumentando.

"Esto fue un shock, pero sabemos que nos recuperaremos", aseguró la ministra Gylfadóttir confiada. Y eso que Islandia depende de que la situación respecto del coronavirus mejore en otros países, por ejemplo, en Estados Unidos. Los estadounidenses conforman el grupo más numeroso de turistas en Islandia, seguido de británicos y alemanes.

En el ingreso de viajeros los islandeses encontraron una manera para mantener a la isla lo más libre posible del virus, sin que por eso deba mantener alejados a los turistas: Desde mediados de junio, los turistas que lleguen a Keflavik pueden realizarse el test de coronavirus y evitar así la cuarentena de 14 días que deberían cumplir si no. Claro que eso supone un gasto para el viajero: entre 57 y 70 euros.

Después del ingreso, todo, desde la pernoctación en el hotel pasando por el alquiler de un coche hasta la visita a un restaurante, será tan normal como sea posible en tiempos de coronavirus, aseguró Gudmundsdóttir de Visit Iceland.

Se podrá recorrer el país sin restricciones y aprovechar que Islandia tiene la densidad de población más baja de Europa. "Nuestra cifra de habitantes es comparativamente baja pero Islandia tiene la superficie de un tercio de Alemania. Es muy sencillo disfrutar aquí de la naturaleza en soledad sin grandes masas". Tras pensarlo un poco, añade: "Es el lugar perfecto para la distancia social".

Pero el sector apuesta no sólo por los turistas extranjeros, sino también a que los mismos islandeses recorran su país. Hasta antes de la crisis por la pandemia de coronavirus, sólo aproximadamente uno de cada viajero era del propio país. 

Gudmundsdóttir observa ahora un gran aumento de los viajes internos, lo que además implica uno de los pocos efectos positivos de la crisis. “De repente, viajamos más que antes en nuestro propio país. Y al mismo tiempo descubrimos lo que el turismo nos aportó en cuanto a prestación de servicios e infraestructuras”, dice. “Es bueno que valoremos más nuestro propio país”.

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD