Un mapa cambiante para el viajero de naturaleza
En Sudamérica hay mucho por conocer. En los últimos años, destinos como la Amazonía peruana, el Pantanal brasileño o la Patagonia chilena han dejado de ser territorios de nicho para mochileros y especialistas.

Hoy forman parte de catálogos, redes sociales y programas de agencias, con un discurso que mezcla aventura, conservación y “viajes con propósito”.
Sin embargo, el inicio del año no afecta a todos estos paisajes por igual. La temporada marca oportunidades y riesgos:
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- En el trópico andino y amazónico (Colombia, Perú, Ecuador, parte de Brasil), enero y febrero suelen ser meses de lluvias intensas, que elevan el caudal de los ríos y hacen más complejos algunos accesos, pero también favorecen la observación de aves y la exuberancia vegetal.
- En el Cono Sur (Chile, Argentina y el sur de Brasil), el verano austral concentra la mayor afluencia a parques nacionales y áreas protegidas.
Andes y bosques de niebla: rutas entre Colombia, Ecuador y Perú

La franja andina y sus bosques nublados concentran algunos de los paisajes más singulares del continente, además de una alta diversidad de especies endémicas. Para quienes viajan a comienzos de año, el reto está en conjugar el clima —a menudo lluvioso— con recorridos seguros y experiencias de baja huella ambiental.
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En Colombia, destinos como la Sierra Nevada de Santa Marta, el Parque Nacional Natural Tayrona o la región del Eje Cafetero figuran entre los más demandados.

El auge del avistamiento de aves —Colombia encabeza el ranking mundial de especies registradas— ha impulsado pequeñas empresas y proyectos comunitarios que ofrecen caminatas interpretativas y estancias en fincas que combinan producción agrícola con conservación.
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Más al sur, Ecuador se ha posicionado como laboratorio del ecoturismo de escala controlada. Más allá de las icónicas islas Galápagos, en el interior del país toman fuerza rutas menos masivas, como las de Mindo y el Chocó andino, donde reservas privadas y cooperativas locales apuestan por el turismo de observación de aves, orquídeas y anfibios.

Perú, por su parte, mira más allá de Machu Picchu. Parques como Manu y Tambopata, en la Amazonía sur, consolidan a la región de Madre de Dios como un nodo para turismo científico, fotografía de naturaleza y programas de voluntariado.
Humedales y sabanas: el renacer de los grandes llanos
Los grandes humedales del interior sudamericano —desde el Pantanal brasileño hasta los Esteros del Iberá argentinos— han pasado de ser territorios escasamente visitados a ser presentados como ejemplos de recuperación ecológica y desarrollo rural basado en la naturaleza.

Los Esteros del Iberá se han convertido en un caso emblemático de restauración ecológica. La reintroducción de especies como el yaguareté y el guacamayo rojo se ha transformado también en un atractivo turístico.

El Pantanal, compartido por Brasil, Bolivia y Paraguay, es considerado el humedal tropical más grande del planeta.
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Estas áreas, además, compiten y dialogan con otros destinos de naturaleza cercanos, como las cataratas del Iguazú.
Patagonia y extremos australes: glaciares bajo presión
En el extremo sur del continente, la Patagonia chilena y argentina concentra buena parte de las imágenes icónicas de naturaleza sudamericana: glaciares, fiordos, estepas y montañas escarpadas.

Parques como Torres del Paine, Los Glaciares o Tierra del Fuego reciben su mayor volumen de visitas precisamente entre diciembre y marzo.

Más al norte, en la costa atlántica patagónica, hay áreas como Península Valdés, famosa por sus poblaciones de ballenas, lobos y elefantes marinos.
En un continente que alberga cerca del 40 % de la biodiversidad mundial, el auge del ecoturismo invita a recorrer estos paisajes con una lógica distinta: viajar para observar, aprender y convivir con la vida silvestre, donde la experiencia no pasa por el consumo rápido del destino, sino por el contacto respetuoso con algunos de los ecosistemas más ricos y singulares del planeta.
