Dos postales del Caribe que no se parecen entre sí
Aunque a primera vista comparten color de agua y bancos de arena que desaparecen con la marea, Holbox y Exuma proponen experiencias muy distintas. La primera es una isla alargada, de calles de arena y ritmo pausado, que forma parte del estado de Quintana Roo, al norte de la península de Yucatán.

La segunda es un distrito de Bahamas formado por más de 300 islas y cayos, con Great Exuma como punto principal y una constelación de islotes desperdigados en medio del océano.

Holbox se ubica frente a la costa norte de Yucatán, en la zona conocida como el extremo superior de la Riviera Maya, a unas dos horas y media por ruta desde Cancún hasta el puerto de Chiquilá y unos 20 minutos adicionales de ferry.
Exuma se encuentra al sureste de Nassau, la capital de Bahamas, a unos 40 minutos de vuelo doméstico, y se extiende como una cadena de esmeraldas en el Atlántico.
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Las dos prometen esa paleta de turquesas imposibles que se buscan en redes sociales, pero la manera de vivirla cambia según el destino.
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Holbox: la isla mexicana donde el turquesa se encuentra con el cielo
Holbox es una isla estrecha, de unos 40 kilómetros de largo, que forma parte de una reserva natural en el extremo norte del Caribe mexicano. No hay puentes que la unan al continente: todo comienza en el muelle de Chiquilá, desde donde salen los ferris que conectan con el pueblo principal de la isla.

Al llegar, el primer contacto es con las calles de arena, los carritos de golf que funcionan como taxis y el contraste entre el color pastel de las casitas y el verde de la vegetación tropical. Las playas se extienden en línea casi recta frente al pueblo, con un mar de aguas poco profundas, cálido y casi siempre sereno.
En Holbox, el plan básico es simple: caminar descalzo de punta a punta y dejar que el paisaje cambie a medida que se avanza. La playa principal, frente al pueblo, concentra bares y paradores, pero unos pasos hacia el este o el oeste alcanzan para encontrar tramos más silenciosos.
Uno de los recorridos clásicos es la caminata hasta Punta Mosquito, una lengua de arena que aparece con la marea baja y crea una especie de pasarela natural sobre un agua de tonos lechosos y turquesas pálidos. No hay infraestructura, solo mar, cielo y aves marinas en vuelo.
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Del otro lado, hacia el oeste, Punta Cocos ofrece una escena más solitaria. Al atardecer, el sol se hunde detrás del horizonte mientras el agua se vuelve espejo. En algunas noches, el fenómeno de la bioluminiscencia tiñe de destellos azules el oleaje suave, creando un espectáculo que muchos viajeros eligen vivir con los pies dentro del mar.

Durante el día, las excursiones en lancha permiten explorar islas cercanas y lagunas interiores, con avistaje de aves como flamencos rosados, pelícanos y fragatas. El llamado “tour de las tres islas” suele incluir paradas en cenotes de agua dulce y miradores naturales.
Un plato que aparece con frecuencia es la pizza de langosta, convertida ya en un clásico de la isla; también abundan preparaciones con pulpo, camarones y pescados capturados en la zona.
Por la noche, el ambiente se vuelve más animado, con bares abiertos a la calle y música que se escapa de cada esquina, aunque sin perder el tono relajado característico del lugar.
Exuma: el archipiélago bahameño donde el turquesa cambia de tono cada cinco minutos
Si Holbox se presenta como una isla única con derivaciones hacia cayos cercanos, Exuma es, directamente, un rosario de islas. Se ubica en el centro-sur de Bahamas y se divide en tres áreas principales: Great Exuma, Little Exuma y los Exuma Cays, que se despliegan como una escalera de arena y roca sobre un mar que va del verde esmeralda al azul intenso.

La puerta de entrada suele ser el aeropuerto internacional de Great Exuma, que recibe vuelos desde Nassau y algunas ciudades de Estados Unidos. Desde allí, la ruta costera permite descubrir pequeñas playas sobre la marcha, mientras que las marinas concentran las salidas en lancha y yate hacia los cayos más alejados.
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En Exuma, el mar es el verdadero eje de la experiencia. Muchas de las actividades parten en barco, ya sea en excursiones organizadas o en embarcaciones privadas. Navegar entre cayos es casi obligatorio: cada tramo revela una variación de color distinta, con sectores donde el agua es tan transparente que los barcos parecen flotar en el aire.

Los bancos de arena que emergen con la marea baja forman escenarios que parecen diseñados para una sesión de fotos: franjas blancas perdidas en medio del océano, con agua a la altura del tobillo y 360 grados de horizonte. Algunos de estos bancos son el punto elegido para anclar, nadar o simplemente caminar sobre una arena finísima.
La zona de los Exuma Cays Marine Park ofrece aguas especialmente claras, ideales para practicar snorkel sobre arrecifes poblados de peces tropicales. Más cerca de la superficie, las tortugas marinas se dejan ver con frecuencia en bahías poco profundas y lagunas de azul intenso.

Entre los lugares más buscados está la célebre Pig Beach, donde se puede ver a los famosos cerdos nadadores. También destacan Thunderball Grotto, una cueva marina a la que se ingresa nadando y que se ilumina con rayos de sol filtrados, y Stocking Island, frente a Great Exuma, con playas tranquilas y senderos suaves para caminar.
El ambiente en Exuma combina espíritu náutico con vida de pueblo costero. En George Town, la localidad principal de Great Exuma, el puerto reúne veleros, catamaranes y pequeñas lanchas locales. Las jornadas giran en torno al mar, con salidas tempranas y regresos al atardecer, cuando los bares de playa comienzan a llenarse.
En la mesa, la cocina bahameña se expresa con platos a base de mariscos, entre ellos el conch (caracol de mar) en ceviche, guisos o tostadas, además de pescados grillados, langosta y preparaciones con coco. Las terrazas sobre la arena invitan a comidas largas, acompañadas por jugos tropicales o cócteles caribeños.
Cuándo viajar: el mejor momento para disfrutar del turquesa
Tanto Holbox como Exuma se mueven dentro de climas cálidos casi todo el año, con variaciones de temperatura moderadas y estaciones marcadas principalmente por las lluvias.
En Holbox, la temporada más elegida se extiende de fines de noviembre a abril, cuando el clima tiende a ser más estable y seco, con días soleados y temperaturas agradables. Los meses de verano ofrecen aguas aún más cálidas y un ambiente muy animado, con un mar poco profundo ideal para largas horas de playa.
En Exuma, el calendario favorito para muchos viajeros va de diciembre a abril, con temperaturas suaves y brisas constantes. Entre mayo y octubre, el ambiente se vuelve más caluroso y húmedo, con un mar especialmente templado y cielos que alternan entre sol radiante y nubes pasajeras.
La luz, en cualquier época, es protagonista: el contraste entre el blanco de la arena y el turquesa del agua intensifica los colores y realza la sensación de amplitud.
Elegir entre Holbox y Exuma es, en gran medida, decidir qué tipo de relación se quiere tener con el mar. Holbox propone una cercanía constante: el agua está siempre ahí, a pocos pasos, acompañando caminatas por la orilla, tardes de hamaca y atardeceres lentos. El pueblo concentra la vida cotidiana y ordena la experiencia alrededor de una única gran playa que se va transformando a medida que uno se aleja del centro.
Exuma, en cambio, invita a “salir a buscar” el turquesa, saltando de cayo en cayo. La sensación es la de una expedición permanente: cada día puede traer una isla distinta, una nueva caleta, otro banco de arena donde el horizonte parece infinito. El mar se convierte en carretera, y las lanchas, en vehículos indispensables para llegar a los puntos más impactantes.
Holbox ofrece la escena de isla de arena y ritmo suave; Exuma, la aventura de ir encadenando postales marinas a lo largo de un archipiélago extendido. En ambos casos, la sensación al mirar el horizonte es la misma: el deseo inmediato de entrar al agua y quedarse allí el mayor tiempo posible.
