La oficina regional de la Secretaría Nacional de Turismo (Senatur) en Itapúa recuerda que durante el feriado estarán abiertas las tres Misiones Jesuíticas Guaraní, para que puedan ser visitadas. Además, para quienes planifican una escapada de turismo interno para que puedan ser visitadas.
Además, para quienes planifican una escapada de turismo interno, detallaron la vigencia de la promoción de acceso a las tres por el costo de una sola entrada en un lapso de 72 horas.
Esta oferta nos da el tiempo suficiente para conocer más acerca de estos lugares turísticos, como también para conocer acerca de las comunidades en donde están albergadas.
Las Misiones Jesuíticas se hallan ubicadas en los distritos de San Cosme y Damián, Jesús de Tavarangue y Santísima Trinidad. Las reducciones representan la historia, la cultura y la memoria de los pueblos, donde resalta la religiosidad.

La responsable de las misiones de la oficina regional de Senatur, Belén Espinoza, detalló que las tarifas de acceso se mantienen en G. 40.000 para extranjeros; G. 25.000 para connacionales; G. 12.500 para adultos mayores (más de 65 años), mientras los niños menores de 12 años no pagan. Los pagos se pueden realizar en efectivo o con tarjetas, pero solo en moneda nacional.
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Las Misiones Jesuíticas Guaraní
La reducción jesuítica más grande y mejor conservada es la que se encuentra en Santísima Trinidad, a unos 35 km de la capital departamental, Encarnación, y constituye uno de los puntos más emblemáticos para realizar turismo.
Las misiones Santísima Trinidad y Jesús de Tavarangue fueron inscriptas en la Lista del Patrimonio Mundial en 1993. Se caracterizan por una arquitectura y estilos únicos que combinan atributos de un tipo de construcción que ilustra un período significativo de la historia de la humanidad, y constituyen la estructura urbana más completa de los 30 pueblos de la Compañía de Jesús, de los cuales formaron parte entre los siglos XVII y XVIII.
Desde 2009 se pueden realizar visitas nocturnas de características excepcionales en la Misión de la Santísima Trinidad del Paraná, con un sistema de luces, sonidos e imágenes que permite al visitante experimentar la vida de guaraníes y jesuitas.
El Museo Lítico de Trinidad se encuentra alojado en la antigua sacristía de la iglesia, con un acervo compuesto por restos arquitectónicos y ornamentales realizados en piedra que pertenecían a la antigua iglesia.
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Mucho por conocer
En tanto, en la Misión Jesuítica de Jesús de Tavarangue, con el apoyo de la Senatur y la cooperación de la Unesco, desde 2018 se implementó el video mapping 3D.

Se trata de una proyección audiovisual que relata la experiencia jesuítica guaraní, utilizando imágenes y música que narran la “Aventura Jesuita Universal”.
La Misión Jesuítica Guaraní de San Cosme se encuentra a 82 km de la ciudad de Encarnación, en el distrito de San Cosme y Damián. Fue fundada en 1632 y cuenta con la única iglesia funcional de los pueblos jesuitas en el departamento.
Los horarios disponibles en Santísima Trinidad son de lunes a domingo, de 7:00 a 18:00, con las visitas nocturnas a las 20:00; en Jesús de Tavarangue, de 7:00 a 18:30, con visitas nocturnas a las 19:00; mientras que en San Cosme y Damián, de 7:00 a 19:00, y la visita nocturna de 19:00 a 21:00.
Encuentro de culturas
Las misiones jesuíticas guaraníes fueron un conjunto de treinta pueblos fundados en América del Sur a partir del siglo XVII por los misioneros de la Compañía de Jesús, entre los guaraníes y otros pueblos nativos, con el objetivo de expandir la evangelización.

Cada reducción estaba a cargo de dos o tres jesuitas, al frente de 3.000 a 4.000 originarios. Los pueblos se desarrollaban en torno a una gran plaza central, alrededor de la cual se construían los principales edificios: el templo, la escuela, la huerta, el cementerio, los talleres y las viviendas de los nativos.
Estas reducciones protegieron a los indígenas del sistema de encomiendas y destacaron por su alto desarrollo en arquitectura, arte, música y agricultura colectiva. Se basaban en la agricultura y ganadería de tipo colectivista, donde la tierra, conocida como Tupãmba’e (propiedad de Dios), era trabajada comunitariamente.
