El Día Mundial del Medio Ambiente se celebra cada 5 de junio por decisión de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), tomada durante la Conferencia de Estocolmo sobre el Medio Humano de 1972, considerada el primer gran encuentro internacional centrado en temas ambientales.
La fecha nació para instalar conciencia y empujar medidas frente a desafíos que hoy definen la agenda pública: contaminación, cambio climático, pérdida de biodiversidad y conservación de recursos naturales.
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En los últimos años se volvió un eje relevante dentro de la industria del turismo y, en particular, de la hotelería de lujo. Frente a la noción histórica del lujo como exceso y exclusividad, emerge otra demanda: experiencias vinculadas a naturaleza, bienestar y contribución positiva en los destinos.

El entorno deja de ser mero decorado y se vuelve parte constitutiva del producto turístico: desde la arquitectura y la energía hasta el vínculo con comunidades locales y la protección de ecosistemas.
Tres colecciones hoteleras ilustran ese giro con estrategias distintas, pero comparables en ambición.
Nayara Resorts: diseño integrado, metas ambientales y operación fuera de red
Nayara Resorts opera en geografías de alta sensibilidad ecológica —selvas, volcanes, océanos y territorios remotos— con propiedades en Costa Rica, el desierto de Atacama e Isla de Pascua (Chile) y Bocas del Toro (Panamá).

La sostenibilidad aparece como hilo conductor de la experiencia en estos hoteles: arquitectura pensada para integrarse orgánicamente al paisaje, uso de materiales naturales y de origen local, y gastronomía “kilómetro cero” basada en ingredientes de temporada y productores regionales.
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La firma declara trabajar con objetivos de neutralidad de carbono, reducción del consumo de agua y preservación de ecosistemas.
El caso más ilustrativo es Nayara Bocas del Toro, en Panamá. El resort fue construido completamente sobre pilotes para evitar daños en manglares y arrecifes de coral.

Opera fuera de la red eléctrica convencional y genera casi el 100% de su energía mediante paneles solares; además, utiliza sistemas de captación y purificación de agua de lluvia para cubrir sus necesidades de agua dulce.
Sus “casas en los árboles” están hechas con bambú local y maderas recuperadas, una síntesis de diseño, confort e integración con el entorno. El hotel cuenta con certificación Green Globe, estándar internacional asociado a turismo responsable.

En Chile, Nayara Alto Atacama y Nayara Hangaroa (Isla de Pascua) se presentan como los únicos hoteles de lujo de sus destinos con el Sello “S” de Turismo Sostenible, validado por el Global Sustainable Tourism Council (GSTC).
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Ambos incorporan energía solar, reutilización de agua y programas de reducción de residuos, además de iniciativas de apoyo comunitario y preservación cultural.

Alto Atacama adapta su arquitectura al clima extremo del desierto para optimizar consumo energético; Hangaroa toma como guía la filosofía rapanui “Kainga”, orientada a integrarse al paisaje volcánico y a la identidad cultural de Rapa Nui.

Virgin Limited Edition: pioneros en recortar plásticos y ampliar impacto social
Virgin Limited Edition —la colección impulsada por el empresario británico Richard Branson— propone estancias ultra personalizadas en destinos como Kenia, las Islas Vírgenes Británicas y Marruecos, y alinea su oferta con el turismo regenerativo.

Entre las acciones de esta colección se incluyen la eliminación total de plásticos desechables, amenities recargables en suites, recolección y reutilización de agua, inversión en paneles solares o turbinas eólicas, y un paquete de eficiencia energética basado en monitoreo del consumo, aislamiento térmico y precalentamiento del agua.
El componente de biodiversidad aparece con proyectos concretos de protección de especies y hábitats: desde fomentar la cría de flamencos y proteger tortugas en Isla Necker, hasta protocolos de atención especial durante safaris y medidas contra la caza furtiva en Ulusaba y Mahali Mzuri.

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En paralelo, la dimensión comunitaria se estructura a través de programas educativos, formación profesional, asistencia en salud, proyectos generadores de ingresos y alianzas con organizaciones como Virgin Unite, Eve Branson Foundation, Pride ‘n Purpose y Unite BVI.
Un ejemplo puntual es Kasbah Tamadot, en las montañas del Atlas (Marruecos), donde el 100% de los empleados son bereberes nacidos en la región.
También mencionan el apoyo a artesanía y comercio justo, la iniciativa Pack for a Purpose (invitación a huéspedes a llevar donaciones) y financiamiento directo a escuelas para mujeres y niños.
The Coppola Hideaways: energía hidroeléctrica, huertas orgánicas y educación local en Belice
The Coppola Hideaways, vinculada al cineasta estadounidense Francis Ford Coppola, concentra en Belice una estrategia de preservación y respeto del entorno a través de dos hoteles familiares: Blancaneaux Lodge (en Mountain Pine Ridge) y Turtle Inn (en la playa de Placencia).

La colección también cuenta con propiedades en Guatemala, Argentina, Italia y Estados Unidos.
La apuesta comienza en el diseño: inspiración balinesa y uso de paja, maderas nobles, pino y bambú para integrar villas y espacios comunes al paisaje.

Las suites no tienen aire acondicionado; los techos abovedados favorecen la circulación natural del aire para mantener frescura y reducir consumo.
En Blancaneaux, además, el arroyo Privassion genera 26 kW de energía hidroeléctrica, equivalente al 85% de la energía total consumida por el hotel, según la información de base.
La alimentación y la experiencia del huésped se conectan con la producción local: ambas propiedades cuentan con huertos orgánicos.
En Blancaneaux, un huerto de 1,4 hectáreas produce el 80% de los alimentos consumidos por huéspedes y personal. Todo esto funciona también como propuesta turística: los visitantes eligen ingredientes recién cosechados para una cena especial en contacto con la naturaleza.
El vínculo con comunidades se expresa mediante becas completas a estudiantes y clases sobre flora, fauna y reciclaje.
Un nuevo estándar de valor para la industria
Las tres colecciones comparten una idea de fondo: el lujo empieza a redefinirse menos por la acumulación de comodidades y más por la capacidad de operar con menor huella, proteger ecosistemas frágiles y sostener beneficios para las comunidades que conviven con el turismo.
