Hasta que una anciana lo vio, le dio de comer y le sugirió que huyera junto al resto de los campesinos hacia las lejanas montañas. "Mujer, si me das un lugar donde dormir en tu casa, mantendré a Nien alejado de ti", sentenció el mendigo. Viendo la debilidad del hombre, la anciana prefirió no creer, dejándole solo en su casa, mientras ella huía hacia las montañas.
En horas de la medianoche, el pueblo estaba abandonado. Pero, confiado, el valiente mendigo seguía allí. El monstruo Nien llegó para devastar el pueblo: se detuvo ante la casa de la anciana y pudo observar una estela de papel rojo pegada en la puerta, ventanas iluminadas por las velas y fuegos artificiales por el patio trasero. El humilde mendigo cantaba y reía.
Nien, atónito, se apresuró a dejar el pueblo. Ofuscado por el estruendo de los fuegos y la música, volvió hasta el fondo del mar.
Al día siguiente, cuando los campesinos volvieron a sus hogares y encontraron el pueblo en estado perfecto, agradecieron al mendigo y se sumaron al festejo del Festival de la Primavera.
Desde ese momento cuenta la leyenda nació la costumbre de decorar las casas con estelas de papel rojo, con los deseos escritos para atraer prosperidad.
Por estos días, milenios después, aún sigue la tradición hecha cultura. Es que la fiesta del Año Nuevo chino representa, principalmente, el momento ideal para lejos del trabajo y las ocupaciones cotidianas reunirse y rescatar el verdadero afecto.
Aunque las celebraciones propiamente dichas duran solamente unos días; el festival en sí dura aproximadamente tres semanas. Según la tradición, las familias honran a los dioses "que ascienden al Cielo para presentar sus respetos e informar acerca de los asuntos hogareños al Emperador de Jade, deidad suprema del taoísmo", quemando papel moneda para el ritual.
Otra costumbre es la de colgar "coplas de primavera" alrededor de la casa; esto es, rollos y cuadros de papel con palabras de buen augurio. En la víspera del Año Nuevo, los miembros de la familia se reúnen para compartir una suntuosa comida; entregan "dinero de buena suerte" en sobres rojos a los ancianos y niños; y se quedan despiertos en vigilia, aguardando el nuevo año. Según el pueblo chino, permanecer despierto durante la noche de la víspera del Año Nuevo influye en la longevidad de los padres. Dejar las luces encendidas durante toda la noche sirve, no solo para alejar al perverso Nien, sino también para reunir a la familia, mientras se celebran las ceremonias religiosas de rigor.
El primer día del Año Nuevo se realiza un ritual para rendir homenaje a los antepasados; además de venerar a los dioses. Allí los familiares jóvenes presentan sus respetos a los mayores que aún viven. Es normal usar vestidos nuevos y visitar a amigos, conocidos y familiares para incarcambiar los deseos de kung-hsi fa-tsai (esto es, "felicitaciones y prosperidad").
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Más allá de los rituales y supersticiones de una cultura, estas fechas tienen una fuerte connotación espiritual para la comunidad china: todos los templos de Taiwán se encuentran ocupados por quienes acuden a quemar incienso y orar.
Si bien se reconoce que parte de la magia del Año Nuevo chino se ha disipado en Taiwán debido a la cada vez mayor industrialización, las celebraciones que representan las fiestas de Año Nuevo siguen tan vigentes como hace miles de años. Tal es así, que la gente que vive lejos de sus familias se prepara con varios días de anticipación, con el fin de superar los embotellamientos de tráfico y la alta demanda de pasajes de aviones, buses y trenes. Una muestra más de la fuerza de la cultura de tal vez la civilización viva más antigua del mundo con una historia rica en magia, leyenda y tradición.