Roberto Fidel Ernesto Sorokin Espasa apodado Coti por su hermana mayor era un joven muchacho rosarino criado en Concordia, Entre Ríos (Argentina), uno más quizás, tocado por el viejo hechizo de soñar canciones. Inquieto, errante, buscavidas, se repartía entre sus estudios de música (que empezaría a los 11) y las clases que daba para solventar sus gastos en una humilde escuela de campo de la Provincia de Santa Fe.
Aquel Coti no imaginaba que, tiempo después y ya en Buenos Aires, sería por ejemplo el cerebro de la nueva producción de los Enanitos Verdes, aquella banda integrada por Marciano Cantero, Felipe Staiti y Daniel Piccolo que causaba estragos en toda América, y que venía de ser producida por ilustres como Andrés Calamaro y Cachorro López.
"Fueron pasos importantes, logros que parecían imposibles. Poco tiempo antes de eso estaba dando clases en una escuela de campo de la Provincia de Santa Fe. Me vi un día en una sala de ensayo de Palermo parado con una guitarra frente a los Enanitos Verdes, ellos con sus instrumentos, mirándome a los ojos, esperando que les diga lo que tenían que tocar... Ya habían probado a un montón de gente y no querían volver a trabajar con grossos como Cachorro (López), Nigel (Walker), (Gustavo) Borner, etcétera. Era como el examen más difícil de mi vida. Fue muy fuerte, quería salir corriendo
me aguanté, saqué fuerzas de las entrañas, trabajé muchísimo. Al otro día me llama Marciano y me dice: Coti, vas a ser el productor del disco. Yo no podía creerlo, era un sueño", relata el compositor mientras recuerda su hazaña.
"Ellos buscaban sangre nueva, ya habían trabajado con los mejores productores que se te ocurra, pero buscaban otra cosa. Apliqué todo lo que había estudiado por mi cuenta sobre las canciones, les di vuelta los temas que traían, las formas, las estructuras, los arreglos, las letras, hasta compusimos una canción nueva junto con Felipe (Staiti) que se llamó Luz de Día
Unos meses después ese disco fue nominado para los Grammys americanos, cuando no existían los latinos, y Luz de Día fue un tremendo hit en México, EE.UU. y Centroamérica", apunta el músico hoy radicado en España.
Claro que, antes de eso, ya había una vida dedicada a la música. Mientras Sorokin cursaba en la Facultad de Humanidades y Artes de Rosario, formó el grupo "Luz Mala", con quienes grabó en 1992 "Doble Acuarela", disco producido por Litto Nebbia y cuyas canciones en su mayoría ya estaban firmadas por él.
Fue así como aquel Coti de veintitantos cruzaba la línea que lo despedía para siempre del anonimato y lo acercaba al umbral que nunca supo imaginar. Allí empezaría a componer y producir a artistas como Javier Calamaro, Natalia Oreiro, Diego Torres (le corresponde la autoría de Color Esperanza), Alejandro Lerner y Turf; incluso a juntar a figuras como Café Tacuba, Ilya Kuryaki y los Valderramas, León Gieco, Fito Páez, Paralamas, Mercedes Sosa y Charly García en el disco "Chiapas" (1997). Más tarde pasarían por sus manos los éxitos internacionales de Paulina Rubio, Enrique Iglesias y Julieta Venegas.
Sin embargo, al momento de narrar los inicios, la experiencia con los Enanitos ante el talento que deslumbraba Sorokin despierta una confesión: "Te confieso que fue Marciano (Cantero) el primero que me alentó a que haga un disco solista cuando le mostré mis canciones. Él tuvo la culpa. Me decía que yo era el Jeff Lynne del rock sudaca (risas)".
Luego colabora mano a mano junto a Javier Calamaro en las grabaciones de "Honestidad Brutal", mítico álbum de Andrés Calamaro. Allí se destaca en las sesiones de grabación, ganándose el respeto y la confianza de quienes veían deslizar su talento entre guitarras, bajos y bandoneón.
Cuando ya era una perla infaltable de las principales producciones discográficas en la Argentina, Coti decide volver a su esencia: lanzarse como solista. Entonces deja su país natal que estallaba en crisis en épocas de De La Rúa, viaja a España con sus maquetas en las maletas y, contra todo pronóstico, las puertas se le abren. Firma un contrato discográfico con Universal Music y con Antes que ver el sol como carta de presentación inicia un largo recorrido que lo posicionó en la cúspide del pop/rock en español.
A 8 años de esa aventura, Coti lleva en su haber cinco discos editados y cientos de miles de kilómetros de carretera por la geografía española y latinoamericana. Malditas Canciones, su más reciente producción que viene a presentar a Paraguay este sábado 8 de enero (en Mokai Lounge de San Bernardino), ha sido nominada al Grammy Latino como Mejor Álbum Vocal Pop Masculino, a la par de un disco de Fito Páez.
Franqueza, desprejuicio, intuición y trabajo son algunas palabras que lo identifican, siguiendo la doctrina del rock que aprendiera de sus maestros.
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-Lejos de productos televisivos como reality shows o frívolas campañas de marketing, tu música se instaló en las masas por su trabajo artesanal en la poesía y melodía. ¿Cómo nace en Coti su concepto de canción popular?
-Nace intuitivamente, paralelamente que estudiaba una licenciatura en música con materias como análisis musical, armonía, contrapunto, etcétera, siempre me fascinó la canción popular como género puro, mas allá de los estilos. En la facultad estudiábamos música culta (entre comillas) y yo llegaba a mi casa y aplicaba toda esa teoría que aprendía al genero de la canción popular, al tango, al rock, blues, folclore
analizaba formas, maneras de componer, textos, arreglos, etcétera. Tengo un trabajo bastante extenso escrito sobre cómo componía zambas el Cuchi Leguizamón.
- En la producción artística de tus discos, en los primeros contaste con Cachorro López y Nigel Walter como soporte. Desde Gatos y Palomas (2007) te afianzaste a producirte y dirigir los proyectos. ¿Cómo es el proceso creativo de componer, ejecutar instrumentos y además dirigir el timón de una producción?
-Lo más complicado es tener un poco de objetividad en un universo subjetivo que es crear un disco desde la nada. Cachorro me ayudaba mucho en eso, era la voz de la experiencia y con Nigel algo parecido pero más desde la visión de un ingeniero de sonido. El crédito no es otra cosa que credibilidad. Yo creía en ellos y aprendí de sus consejos.
Pero hay momentos más personales en los que te querés limpiar solo. Son etapas. Yo aprendí mucho trabajando con grandes, luego apliqué eso en mis grabaciones.
-"Malditas Canciones", quinto álbum presentado en 2009, representó tu primera nominación a un Grammy Latino compitiendo por Mejor Álbum Vocal Pop Masculino con músicos como Fito Páez y Álex Ubago. Tras una extensa gira por España y Latinoamérica, ¿cuál es el balance de un disco que sigue funcionando en aquel concepto de "mensaje en una botella"?
-Hoy es muy complicado tener tu lugar y mantenerlo. El rock vive un momento en el que no tiene mucho lugar en las radios, en los medios en general. Goza de prestigio pero no de espacio.
Malditas Canciones fue una etapa que ya está concluyendo después de dos años de girar y girar. Tengo proyectos nuevos para este año, pero ya me tomo las cosas con un poco más de calma. Hay que darle tiempo a cada proyecto.
-Tras la popularidad de canciones como "Nada fue un error" o "Color Esperanza", no fueron pocos los políticos que decidieron incluirlas en sus campañas políticas. Incluso les diste batallas legales. ¿Cómo manejar una canción cuando trasciende la voluntad del creador?
-Es difícil pero no imposible, me propuse negar cualquier uso político partidario para mis canciones y cuidar celosamente eso. Tengo gente que trabaja conmigo para lograrlo. Me han ofrecido muchísimo dinero para que cediera los derechos para campañas políticas en diferentes partes del mundo, siempre me negué. Eso nadie lo sabe, pero es verdad. Así y todo muchas veces la usan igual sin autorización y ya tuve varios juicios.
Para este año estoy viendo la posibilidad de cederlas y recaudar esos derechos para donarlos a escuelas de bajos recursos de Argentina, como la que yo trabajaba hace unos años. La educación es lo único que puede salvar a nuestros países de la pobreza.
Cuando me las han pedido para proyectos benéficos siempre los cedí gratuitamente.
-Una de tus primeras canciones inspirada en la Navidad hablaba de la mitad de los niños para quienes la Navidad no era precisamente una fiesta. Años después, trataste conflictos sociopolíticos en Está Sangrando, Pequeña historia de un funcionario corrupto, El inmigrante y Toño, el mendigo. ¿Cuáles son las temáticas que hoy por hoy rozan tu sensibilidad?
-Sigo teniendo las mismas de siempre porque pasan los años y las cosas siguen igual, el cuento se repite. Todas esas canciones siguen vigentes lamentablemente. Sigue habiendo gente en las calles durmiendo en el asfalto, sigue habiendo chicos desnutridos, padres sin trabajo, madres sin hospitales, enfermos sin remedios, inmigrantes discriminados.
-Gustavo Cerati alguna vez dijo "El rock se transforma en pop cuando vende discos". ¿Qué opinás?
-Es verdad, en América es así, el concepto de rock es más amplio, abarca muchos estilos, define más una actitud, una manera, más que un estilo determinado. En España es el pop el que abarca sin prejuicios muchos estilos. De todas formas esta discusión me tiene sin cuidado y no conduce a ningún sitio. Creo que Gustavo lo debe haber dicho de forma irónica criticando críticos
-Joaquín Sabina confesó hace algunos años que le gustaría bastante trabajar contigo. ¿En qué etapa quedó el proyecto?
-Hace unos años estaba de moda nombrarme en las entrevistas.
Nunca me imaginé que algunos estuvieran tan pendientes de la moda como lo están.
Hace tiempo que no hablo con Joaquín, de todas formas te digo que muchos amigos te buscan cuando les va mal para que los ayudes a que le vaya bien
Joaquín no tiene ese problema porque le va súper bien
(risas).
-Viajar y echar raíces en España, sin dudas fue importante para ingresar con el pie derecho al "mercado" internacional como solista. En tiempos en que la industria discográfica es dura de sostenerse y, en contrapartida, de la existencia de nuevas vías de difusión online, ¿cuál es la clave para seguir vigente?
-Supongo que cada uno tendrá la suya La mía es ser franco en lo que hago, no me interesan las modas, tengo la mala costumbre de encontrarle escuelas y antecesores a todos los que se abanderan de modernos novedosos. Mi universo es la canción, incluso más esencial todavía la palabra cantada.
