Lowell Bergman, ex productor de "60 Minutos" (programa estrella de la CBS) es un ícono para las nuevas generaciones de periodistas. En 1996 revolucionó el mundo del periodismo cuando la corporación de noticias donde trabajaba decidió censurar una entrevista que él había realizado a su informante. Ante la negativa a publicar, Bergman fue más allá y entregó toda la historia al New York Times para que se supiera la verdad.
"No tenía excusas"
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Bergman quemó todas sus naves y renunció tras lo ocurrido. ¿Cómo arriesga un periodista su familia, el salario, el pan de los hijos? Esa pregunta nos la debía, y aprovechamos un Congreso periodístico en San Pablo para hacérsela.
La película no muestra el debate familiar que lo impulsa a usted a tomar la decisión de "quemar sus naves" y quedarse sin trabajo.
(Ríe) Mi esposa (Sharon Tiller, directora del portal Frontline) siempre dice que esa película miente porque no muestra el debate familiar que sí tuvimos. Hubo un par de ventajas que yo tuve en ese entonces: tenía 50 años, cinco hijos, pero todos ellos ya habían terminado la universidad. Vivía en California y tenía el pequeño agregado de que mi esposa estaba trabajando por su cuenta en Frontline, ella tenía un buen salario. No tenía excusas financieras para no decidirme.
Bergman confiesa que quienes lo presionaron para encubrir la verdad no dimensionaron con quién se enfrentaban. "Ellos no se dieron cuenta de que si tú le dices a un tipo 'no vamos a hacer la historia', él puede ir con alguien más y contar la historia. No le puedes decir a tu fuente que no hiciste la nota porque no es confiable, ¿cómo iba yo a decir eso, sabiendo que no era así? ¿Contaba la verdad o seguía trabajando cómodamente? Decidí usar cualquier recurso que yo pudiera para hacerles cambiar su postura. Fue cuando hablé con otros periodistas sobre lo que ocurría, y pedí ayuda".
El ostracismo
Tras el escándalo, Bergman fue marcado. "Muchos colegas no querían saber nada de mí. Para muchos de ellos, yo había hecho algo malo. Periodistas, reporteros, personas que yo conocía, algunas de las 'estrellas' me denunciaron. Por otro lado, muchas de mis fuentes, agentes de la ley o traficantes de armas, gente que me conocía, me ayudaron sin hacer preguntas. Y varios periodistas también".
Bergman hace una pausa y relata su alegoría favorita, "La cueva", de Platón. En ella se imagina a toda la población encerrada en una cueva, aterrorizada por las sombras. "Hasta que uno se libera y logra ver la luz, y se da cuenta de que las sombras son solo reflejo del fuego. Entonces regresa para contarles a todos la verdad y lo matan por el camino".
"Eso fue 400 años antes de Cristo. Esto le pasó a Sócrates. Entonces, en este negocio, tú sabes que estás tratando de encontrar la verdad. Y encontrar la verdad es un concepto relativo, la publicarás, y habrá gente que ni te va a premiar ni te dará aplausos. Y encima tendrás que asumir las consecuencias cualesquiera que sean".
Duro de callar
Bergman estaba hecho de la madera que menos podían moldear los poderosos. Alumno de Marcuse, había pasado por "Ramparts" (una revolucionaria revista política y literaria que se publicó hasta la década del 70). Pero, además, había cubierto el último gran asesinato de un periodista en los EE.UU.
"No había alternativas para mí. Yo fui, probablemente, la persona equivocada, la menos acertada para que ellos quisieran joder en ese momento", admite riendo.
Ud. dijo que no solamente se respetaba a usted mismo, sino que respetaba a las fuentes. ¿Cuál es la frontera con ellas?
Yo doy a cada quien el beneficio de la duda. Muchas fuentes se desacreditan solas, uno no necesita hacer nada. Tienes que estar preparado para las decepciones y tener cuidado. Ellos pueden traicionarte y arrastrarte con sus problemas.
¿Cómo proteger a una fuente débil si nosotros, los periodistas, sobre todo en los países pobres, somos tan débiles como nuestras fuentes?
Todo lo que hagamos debe ser lo más que podamos hacer. La diferencia entre Estados Unidos y el resto de los países es que 40 años atrás no había mucha legislación protegiéndonos. Esto tomó una larga lucha y un cambio en las condiciones políticas y económicas para que eso pasara. Hoy día, hay una relativa fortaleza para proteger al periodista y sus fuentes.
Pero igual hay cosas que pasan y que hacen que periodistas terminen en la cárcel. Hay altibajos... La clave es saber que uno no está en este negocio, porque crees que serás rico y famoso.
Tengo en mi oficina un muñeco destinado a mis estudiantes, un muñeco que le llamamos "el obsesivo-compulsivo". Ese es el modelo periodístico a seguir. Y tengo también una placa en mi puerta para quienes presionan, que dice: "Regrese cuando tenga una orden judicial". Bergman vive y enseña hoy día en California.
Más allá de la película
El 24 de marzo de 1996, el Dr. Jeffrey Wigan fue despedido de la tabacalera Brown & Williamson, donde era director de Investigaciones y Desarrollo, vicepresidente Corporativo. Su negativa a que la empresa siguiera manipulando la nicotina para provocar mayor adicción en los cigarrillos fue el detonante. Lowell Bergman, entonces productor de "60 minutos" lo entrevistó, y cuando estaban listos para dar a conocer la gran denuncia, la Corporación CBS prohibió la emisión.
Bergman apeló a un recurso extremo, entregando la noticia al New York Times que publicó lo que estaba ocurriendo. Al verse descubiertos, CBS decidió emitir el capítulo completo con la entrevista a Wigand. Dos años después, y como consecuencia de todo lo que se develó, las principales tabacaleras de EE.UU. tuvieron que llegar a acuerdos con demandas que habían sido presentadas en 44 estados. Antes de eso, nunca habían perdido ni una sola, y gastaban hasta unos 600 millones de dólares anuales solo en operaciones legales en el extranjero.
Fotos y video: Nelson Zapata.