Perfil sicosocial del pedófilo

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Antes de analizar las tipologías pedófilas, es dable dar a conocer al público los indicadores de abuso sexual en niños/as. Los padres y/o educadores deben estar atentos si los siguientes síntomas y signos se evidencian en el menor: Cambios en el comportamiento, cambios bruscos de humor, retraimiento, temor y llanto excesivo. Orinar en la cama, pesadillas, temor de ir a dormir u otras perturbaciones durante el sueño. Conducta sexual impropia, interés inusitado en cuestiones sexuales. Expresión súbita de sentimientos o comportamiento agresivo o rebelde. Regresión o retroceso al comportamiento infantil. Temor a ciertos lugares, personas o actividades, especialmente de estar a solas con ciertas personas.

No se debe forzar a los niños a ser afectuosos con un adulto o con un adolescente si no quieren. Esté atento a signos de que su hijo o hija está tratando de evitar a alguien, y escuche cuidadosamente cuando le cuenta cómo se siente con respecto a otras personas. Dolor, picazón, hemorragia, secreción o irritación en las áreas privadas. Siempre existe la posibilidad de que un niño o niña pueda revelar actos pasados de abuso o sentimientos generales de temor. Si eso ocurre, esté preparado para ayudar a su hijo o hija. Siga los siguientes consejos si su hijo o hija indica que podría haber sido víctima de abuso o explotación sexual: NO reste importancia a la información revelada ni la minimice. NO se alarme ni reaccione exageradamente ante la información. NO critique ni le eche la culpa al niño o a la niña. Respete la privacidad del niño o niña. Apoye la decisión de su hijo o hija de relatar lo ocurrido. Muestre afecto físicamente y exprese amor, compasión y apoyo con palabras y gestos. Esfuércese en permanecer tranquilo, sin hacer críticas ni emitir juicios. Explíquele que él o ella no ha hecho nada malo. Ayude a su hijo o hija a comprender que la responsabilidad no es suya, sino del transgresor. Recuerde que los niños rara vez mienten sobre actos de explotación sexual. Mantenga abiertas las líneas de comunicación. Busque atención médica adecuada para su hijo o hija. Haga la denuncia a la policía. Alerte en cooperación con la policía a lo organismos de protección de menores. Considere la necesidad de tratamiento o terapia para su hijo o hija y toda la familia. Pida a las otras personas que lo están ayudando que le den recomendaciones para profesionales competentes.

Normalmente, el abuso sexual no es fruto de la casualidad. Con mucha frecuencia se da en niños que han sufrido otras adversidades: maltrato emocional, otros tipos de abuso, una relación con los padres inadecuada; la existencia de conflictos y privaciones, sexismo, etc. Esto sucede por varias razones. Por un lado, la existencia de agresores en el entorno familiar o social, asociada a otros problemas, como el abuso de alcohol, los conflictos interpersonales, los maltratos a la esposa, los problemas siquiátricos y el estrés social (Finkelhor, 1979). Estas patologías sociales y familiares a menudo facilitan la aparición de los agresores o los impulsan a actuar.

En segundo lugar, los niños que han sido víctimas de abuso sexual son, por lo general, niños que han sufrido privaciones –sus padres los han ignorado, han abusado física o emocionalmente de ellos o de otros niños o miembros de la familia– o se han visto inmersos en un conflicto familiar. Actualmente, muchos estudios han demostrado que los padres que abusan de sus hijos suelen ingerir sustancias tóxicas, padecen problemas siquiátricos, tienen peleas maritales, o son padres muy punitivos y distantes. Por sí solas, estas condiciones originan daños sicológicos, pero también ponen al niño en situación de riesgo porque son escasamente atendidos a la vez que están condicionados a aceptar la violencia y la victimización, y se vuelven vulnerables a las estrategias de los agresores –quienes les ofrecen atención y afecto a cambio de sexo–. De este modo, muchos niños que han sufrido abuso sexual han sido sicológicamente dañados antes incluso de que este se produzca.

Un dato interesante y para tener muy en cuenta es que hay que estar atentos en los supuestos casos de abuso sexual en donde hay intensos conflictos maritales y pedidos de resarcimiento. Muchas veces han ido a la cárcel personas inocentes denunciadas por abuso sexual, que han sido víctimas de la acción desleal de la pareja, quien tiene por objetivo perjudicar, vengarse o quitar dinero de forma malintencionada. Otro aspecto de importancia es que la no evidencia de daño físico en el menor no siempre significa falta de abuso sexual. En el 50% de los casos no se encuentran signos físicos de actividad sexual. Esto se debe a que muchos pedófilos solo usan caricias, besos, manoseos con el niño/a; de este modo no queda evidencia física visible. Es fundamental no concebir el abuso sexual como una cuestión únicamente concerniente a la sexualidad del individuo, sino como un abuso de poder fruto de esa asimetría. Una persona tiene poder sobre otra cuando le obliga a realizar algo que esta no deseaba, sea cual sea el medio que utilice para ello: la amenaza, la fuerza física, el chantaje. La persona con poder está en una situación de superioridad sobre la víctima que impide a esta el uso y disfrute de su libertad. Pero igualmente importante es entender que el “poder” no siempre viene dado por la diferencia de edad, sino por otro tipo de factores. El abuso sexual entre iguales es una realidad a la que no debemos cerrar los ojos. En este caso, la coerción se produce por la existencia de amenazas o por que hay seducción, pero la diferencia de edad puede ser mínima o inexistente. Aun así, se consideraría abuso sexual.

Psicología del pedófilo

Algo que hay que entender es que al pedófilo no le atrae sexualmente un cuerpo infantil, sino más bien lo que la niñez “simboliza”, es algo sicológico. La pedofilia es, en esencia, un autoerotismo. El pedófilo utiliza el cuerpo del niño para masturbarse en él. De ahí el éxito de internet entre los pedófilos: ofrece sin un cuerpo, el sexo anónimo, masturbatorio. Los niños en el ciberespacio son meras representaciones, a menudo nada más que fotos eróticas.

Los varones agresores están socializados para dominar: los niños les resultan atractivos debido a su baja capacidad de dominación –relación con inmadurez, baja autoestima y agresividad del agresor–. Los pedófilos comienzan como personas “normales” y luego descubren para su angustia que son atraídos por prepúberes. La adolescencia es clave en el nacimiento de esta sicopatología. “Si el joven se excita con estímulos atípicos, como imágenes infantiles, puede acabar asociando placer sexual con niños”, aclara Enrique Echeburúa, un reconocido sicólogo español. Esa hipótesis la corrobora Santiago Redondo, profesor de Psicología y Criminología de la Universidad de Barcelona: “El adolescente se inicia en el sexo pensando en niños. El problema es que reproduce esa experiencia en su imaginación”. Ellos/as suelen tener un sistema de creencias disfuncionales a las que le llamaremos “distorsiones cognitivas”, como ejemplo citamos algunas:

1) Las caricias sexuales no son en realidad sexo y, por ello, no se hace ningún mal.

2) Los niños no lo dicen debido a que les gusta el sexo.

3) El sexo mejora la relación con un niño.

4) La sociedad llegará a reconocer que el sexo con los niños es aceptable.

5) Cuando los niños preguntan sobre el sexo, significa que él o ella desean experimentarlo.

6) El sexo práctico es una buena manera de instruir a los niños sobre el sexo.

7) La falta de resistencias físicas significa que el niño desea contacto sexual.

Estas distorsiones o formas de pensamiento erradas son las que mantienen la conducta desviada de estos agresores minimizando o negando su responsabilidad, presentándose a los demás como sujetos “normales”, y neutralizando la seriedad de sus agresiones a través de ciertas justificaciones. A menudo la única lógica posible de estos crímenes es interna. Solo el abusador sabe por qué comete sus actos perversos. Los abusadores sexuales no siempre cometen sus crímenes de la misma forma. En el mundo de las mentes tenebrosas, la tenebrosidad ciertamente es infinita. Cualquier explicación de por que ciertos individuos poseen una sexualidad violenta es incompleta si se ignora la variable más importante, el criminal mismo. Cada persona es un producto único de naturaleza y crianza, destino genético e influencias ambientales. Lo que tiene un gran impacto en una persona puede no tener efecto en otra. Por lo tanto, un número de factores contribuyen en la génesis de un abusador sexual, nunca es un solo elemento la causa de la conducta desviada.

Una de las figuras clave de la cristiandad temprana, San Agustín, en su libro “Confesiones”, escribió que el pecado es un producto de “cinco pasos”. Primeramente, la mente concibe una acción. Luego se considera la acción como algo relacionado a los sentidos –¿podría obtener placer de esto?–; luego, el individuo considera la posible consecuencia de su acto. Si él/ella está dispuesto a arriesgar los resultados, se decide a actuar según su pensamiento. Por último, una vez que el acto ha tenido lugar, su mente racionaliza el comportamiento –la racionalización es un mecanismo de defensa que consiste en justificar las acciones (generalmente las del propio sujeto), de tal manera que eviten la censura. Se tiende a dar con ello una “explicación lógica” a los sentimientos, pensamientos o conductas que de otro modo provocarían ansiedad o sentimientos de inferioridad o de culpa–. Esta descripción hecha por San Agustín podría describir muy bien el proceso que despliegan muchos criminales sexuales. Los crímenes sexuales se originan en la fantasía del criminal. En la fantasía todo es “posible”. Con el tiempo, esas imágenes sexuales se convierten en obsesión y compulsión, que anulan la voluntad de la persona.

Muchas veces no puedo evitar sentir compasión por estos desviados sexuales, ya que suelen padecer de una “tortura interior”, por la intensidad y dominación que tienen sobre ellos las fantasías sexuales. Por más que quieran, no pueden deshacerse de ellas. Es una adicción.

Según muchos investigadores, la quinta parte de la población tiene fantasías sexuales con niños; es mucho más común de lo que suponemos; sin embargo, son pocos los que “cruzan” la línea y se convierten en abusadores sexuales.

El aspecto y comportamiento “normal” no tiene nada que ver con la posible ausencia de pedofilia. La mayoría de los pedófilos tienen buen aspecto, son considerados como buenas personas y son queridas por la comunidad. Muchos de ellos/as son introvertidos y tímidos, pero a pesar de estos rasgos esconden una conducta peligrosa. Mantienen sus intenciones “bajo tierra” y nunca hablan del tema. Los pedófilos son irresponsables y sicológicamente inestables. Su sentido de la autoestima es volátil y desregulado. Es probable que sufran de ansiedad y miedo al abandono, y sean muy dependientes de la pareja u otras personas. Cualquier persona puede ser abusador/a, especialmente las que trabajan y conviven con los niños: niñeras/os, profesores, pediatras, chofer de transporte escolar, sacerdotes, vendedores de golosinas, entrenadores deportivos, profesionales de la salud mental que trabajan con niños, orientadores, etc. Esto se debe a que mucho de estos criminales eligen profesiones que les acerquen a los niños/as. Por eso, recomiendo que las personas que van a trabajar en esas áreas sean evaluadas por sicólogos con especialidad en el área forense y, sobre todo, con experiencia en esta temática. También es importante reconocer que los pedófilos prefieren tener relaciones sexuales con los niños, pero pueden tener y tienen relaciones sexuales con adultos. Algunos pedófilos tienen relaciones sexuales con los adultos como parte de su esfuerzo por ganar o mantener su acceso a los niños. Por ejemplo, puede tener relaciones sexuales ocasionales con una madre soltera para asegurar el acceso continuo a sus hijos.

Tipos de pedófilos

Si bien no existe un perfil acabado del abusador sexual, es importante conocer los últimos avances de la investigación en relación a estos sujetos. Expondré la tipología creada por Kenneth V. Lanning, M.S., agente retirado del FBI y ex miembro de la famosa Unidad de Ciencias del Comportamiento de la FBI –uno de los mayores expertos en el mundo en esta temática– y por el Dr. Park Dietz, su colaborador investigativo. Ellos dividen a los abusadores sexuales de niños en dos categorías:

Abusador situacional (pederasta)

Este tipo de abusador suele tener baja inteligencia y provenir de medios socioeconómicos bajos, aunque también puede ser inteligente y de medios socioeconómicos altos. Puede ser diagnosticado como portador de trastornos de personalidad del tipo, sicopático/antisocial, narcisista, esquizoide y sádico. También podría padecer de sicosis, retraso mental o senilidad. Podría ser un adolescente que no tiene amigos de su edad o un solitario que aún vive con sus padres. A menudo cuenta con antecedentes criminales varios. Le gusta la pornografía violenta. Es impulsivo, actúa bajo impulsos lujuriosos y/o situaciones estresantes. Su acto criminal suele ser espontáneo. Este es el tipo de abusador que suele llegar a raptar, dañar físicamente e incluso matar a su víctima. Basa su acción en la disponibilidad de algún niño/a y en la oportunidad, para ejercer su ataque. Este tipo de abusador sexual no tiene una preferencia exclusiva por los menores. Puede cometer su crimen por una variedad de razones, muchas veces como un sustituto sexual de su pareja habitual. Su modus operandi suele ser la coerción, la manipulación, el uso de la fuerza. Es un sujeto que abusa de la gente: esposa, amigos, compañeros de trabajo, no solamente de los niños. Suele mentir, robar, engañar. Molesta a los niños por una simple razón –¿por qué no?–. Sus víctimas suelen ser desconocidas para él, aunque a veces puede ser su propio hijo o algún hijo de un amigo, vecino, etc. Suelen correr muchos riesgos, usar armas y cometer errores en la ejecución de su crimen, por su estilo impulsivo de comportarse.

Abusador preferencial (pedófilo)

Los abusadores de niños/as preferenciales tienen una preferencia sexual definida por los menores. Sus fantasías sexuales y las imaginaciones eróticas se enfocan en los niños. Casi siempre tienen el acceso a los menores, molestan a múltiples víctimas. Suelen ser más inteligentes que los pederastas y provenir de medios socioeconómicos más altos. En este grupo se encuentran muchos –padres, tíos, primos, hermanos, abuelos–; este dato es incómodo y sumamente perturbador, pero su realidad es innegable. Muchas veces el “enemigo” se encuentra en nuestra propia casa. A menudo tienen más de una parafilia. Su conducta sexual es compulsiva, ejecutan su crimen por una “necesidad” que les lleva a desplegar actos ritualísticos sexuales, que podrían ser como los siguientes: elegir solo una determinada edad o sexo, ejecutar el acto se cierta manera, usar objetos, hablar de forma abusiva, rara ante su víctima, etc. El motor se su accionar son sus fantasías. Es mentiroso y manipulador. Planea eficientemente su delito. Evalúa sus experiencias. Suele usar tecnología moderna para excitarse –computador, video–. Muchas veces coleccionan pornografía infantil –impresa y/o videos–. Se acerca al niño/a de forma seductora, prodigándole atenciones. Manipulan a su víctima, dándole regalos, prometiéndoles cosas. No aceptan su responsabilidad. Ocultan de manera astuta su perversión. Tienen mucha facilidad para entender y manejar a sus víctimas, detectan fácilmente las necesidades de estas. Este tipo de abusador es crónico y, por lo tanto, es menos probable que puede modificar su conducta desviada.

Bibliografía

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