Ruta IV, ejemplo de negociados con obras viales

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PILAR (Clide Noemí Martínez, corresponsal). En la Ruta IV “Gral. José Eduvigis Díaz”, desde el diseño, la construcción y el mantenimiento, las deficiencias son llamativas, al igual que altísimo costo de la capa de asfalto, la vía San Ignacio-Pilar. En los últimos meses, el bacheo con lodo provocó la irritación de los pobladores del sur.

La empresa adjudicada para los trabajos de reconstrucción, que ha cobrado el anticipo, demora el inicio de las tareas, a pesar de que meses atrás el mismo Presidente de la República había dado la palada inicial y había prometido el inicio inmediato de las obras.

Desde la construcción del camino Pilar-San Ignacio, ordenada por el ministro de Obras Públicas y Comunicaciones pilarense en la década de los cincuenta, Ramón Enrique Martino, el mayor anhelo de los ñeembucuenses ha sido la pavimentación de la Ruta IV. Tras décadas de reclamos ciudadanos, la decisión política de su concreción fue adoptada por el gobierno del Gral. Andrés Rodríguez, quien a pesar de no contar con recursos económicos suficientes para un llamado a licitación, encargó al Comando de Ingeniería la construcción de lo primeros kilómetros de afirmado.

La obra, dirigida por el ingeniero pilarense Mario Martinucci, contó con materia prima proveída por la Industria Nacional del Cemento (INC) y mano de obra de soldados del Ejército. Los trabajos fueron realizados a puro pulmón. Es precisamente esta parte de la ruta la que se muestra impecable hasta la fecha y sin que haya requerido ningún mantenimiento durante casi 2 décadas. Lamentablemente, este sistema de construcción fue abandonado por los que proyectaron el resto de la ruta.

El asfalto, que parece el material preferido por los empresarios de la construcción y los mismos funcionarios del MOPC, por todo el negocio que representa desde su importación, hasta sus permanentes necesidades de mantenimiento, fue el material seleccionado para la obra. Tampoco se tuvo en cuenta el aspecto ambiental, y se descartó la posibilidad de construir una ruta sobre pilotes en los esterales; se optó por un largo y tenebroso terraplén, que ha generado un tremendo impacto ambiental que hasta la fecha los pobladores de la zona y, especialmente, la fauna y flora del sector, siguen sufriendo. Este grave atentado contra el medio ambiente hizo que, mientras de un lado las aguas represadas incrementaran considerablemente su nivel, inundando grandes extensiones de tierra, del otro costado de la ruta inmensos humedales quedaron prácticamente secos.

En poco tiempo, la naturaleza cobró venganza carcomiendo las bases de la ruta que años más tarde pasaría a convertirse en una perfecta imitación del paisaje lunar. La desastrosa vía que une Pilar y San Ignacio fue construida por los Consorcios Pilar (Concret-Mix, Tecnoedil y EDB), San Ignacio (empresas brasileñas), Delgado Ingaer SA (Ing. Angel Auad e Ing. César Delgado SA), a un costo superior de lo previsto. Varias de estas empresas son responsables de trabajos mal realizados, generando el malestar y desconfianza en la población departamental.

Desde su inauguración, en el año 2000, hasta este tiempo, una infinidad de baches y hundimientos ha requerido la permanente intervención del MOPC, que con reparaciones superficiales no ha logrado mantener en regulares condiciones la capa asfáltica.