Conquistar con la comida

Este artículo tiene 9 años de antigüedad

Muchos argentinos llegan a Paraguay a comprar, hacer cursos y pasear, es una buena ocasión para mover a la producción de comida local y afinar la puntería con respecto a la calidad de los platos, cuidando que sean productos frescos, limpios y libres de la acción dañina del calor y la interrupción de la cadena de frío. Empezando por nuestra emblemática chipa calentita, blandita con sabor a queso.

El movimiento que se nota en Encarnación es un buen augurio para otras ciudades, entre ellas la capital, que tienen que ofrecer lugares limpios con acceso a comidas y también entretenimientos y deportes. Es el momento de vender y cuidar la calidad de nuestros productos, con mandos medios que sepan cocinar, adornar y proteger sus comidas, con ingredientes buenos, sin gérmenes ni mal aspecto. 

La demanda de comida “al paso” debe estar a la altura de los requerimientos del turista acostumbrado a buenos cafés y bares, con la singular proeza de pasar por nuestra realidad aterrizamos en el caos del tránsito y esa informalidad estilo mercado, un aditivo amargo con el que convivimos. Otro detalle es la poco inteligente manera en que tratamos a los huéspedes, a los comensales, a los clientes. No siempre la hospitalidad es una característica sobre todo de adormilados y enojados personajes hiper jóvenes que están en las tiendas, chicos a los que pareciera que su trabajo les causa una gran pena, y en vez de vender con las palabras y una sonrisa, te inspiran lástima. 

Nunca olvido una consulta que hicimos a un guardia de un shopping en el extranjero, quien sin titubear nos dirigió al plano del local y como un google maps nos condujo con sus explicaciones al lugar exacto. Hice la prueba después en mi ciudad, mi amada Asunción, y me encontré con el: “¿heeee?”, junto a la cara más perdida que te puedas imaginar.

El movimiento comercial está cambiando en nuestro país, y es necesario desperezarse, afinando las intenciones hacia un eficiente modo de atender a la gente, y que el servicio nos distinga. En muchos lugares del mundo que ya han caminado por los senderos del turismo aprendieron que si no se ponen la camiseta del país y defienden su puchero en todas las instancias posibles, el turista no vuelve y no invita a otros. Y en esa bolsa entra todo, desde la coima y la corrupción de la policía, el trámite de la aduana, la limpieza del hotel, el café caliente, el pan fresco. El chofer del taxi, la artesanía de impecable presentación; todo vale para capturar la atención del visitante, una oportunidad para sacudir a nuestros oxidados comerciantes que necesitan ingresos mayores, al igual que todos los trabajadores que dependen de este movimiento.

Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy

Si conquistamos a los turistas con la comida por su sabor rico, la higiene y el profesionalismo, nos van a recordar, así como quien fue a Buenos Aires dificilmente puede olvidar sus cafés y medialunas. ¡Arriba Paraguay! A vender que todo está servido.