Argentina abre su cielo al origen del universo

BUENOS AIRES. “No hay muchos lugares que tengan la diafanidad y los cielos de Salta”. Aunque bien podría serlo, no es la frase de un turista que, a 4.900 metros de altitud, en la puna argentina, siente que roza las estrellas con la yema de sus dedos y que disfruta de la magia del silencio y de la oscuridad.

“No hay muchos lugares que tengan la diafanidad y los cielos de Salta”. Aunque bien podría serlo, no es la frase de un turista que, a 4.900 metros de altitud, en la puna argentina, siente que roza las estrellas con la yema de sus dedos y que disfruta de la magia del silencio y de la oscuridad.
“No hay muchos lugares que tengan la diafanidad y los cielos de Salta”. Aunque bien podría serlo, no es la frase de un turista que, a 4.900 metros de altitud, en la puna argentina, siente que roza las estrellas con la yema de sus dedos y que disfruta de la magia del silencio y de la oscuridad.Shutterstock

La afirmación es de un científico, Alberto Etchegoyen, un hombre que exige “la base experimental” para ratificar “el modelo cosmológico estándar” del Big Bang, ya que, si no se “corrobora”, dice, puede que “la teoría esté equivocada”.

El físico argentino dirige el Instituto de Tecnologías en Detección y Astropartículas (ITeDa). Vinculado al proyecto Pierre Auger que, desde hace 20 años, estudia en Mendoza (oeste argentino) los rayos cósmicos ultra energéticos, ahora es coportavoz de QUBIC, proyecto internacional que este miércoles inaugura su observatorio en Argentina.

“Queremos medir una constatación universal de uno de los paradigmas más importantes del Big Bang, que es el periodo inmediatamente después, el periodo de la inflación universal, en el cual el universo crece exponencialmente”, explica a EFE poco antes de viajar a Salta.

QUBIC son las siglas de Q-U Bolometric Interferometer for Cosmology o, como detalla a EFE la astrónoma Beatriz García, otra de las cabezas visibles del proyecto en Argentina, “un bolómetro interferométrico para cosmología”, que lo hace “único” en el mundo, porque combina las dos técnicas de detección.

“La idea es observar la radiación de fondo de microondas, el remanente fósil del Big Bang para tratar de descubrir unas huellas digitales de algo que pasó antes del momento en que los fotones empezaron a viajar por el universo libremente”, detalla la también investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet).

Ondas gravitacionales primordiales

En 2014, investigadores de Estados Unidos dijeron haber detectado, mediante el telescopio BICEP2, instalado en la Antártida, las ondas gravitacionales primordiales.

Ellas fueron generadas tras el Big Bang y predichas en la teoría inflacionaria, que habla de una expansión exponencial en los primeros instantes de vida del universo.

No obstante, como detalla a EFE el ingeniero Manuel Platino, gerente de operación de QUBIC, “después se descubrió que eran interacciones de la radiación del Big Bang con el pólux galáctico que generan ondas en esa misma polarización” y “es supercrucial poder separar esas dos”.

Por ello, considera que "hay que estar bastante seguro" al afirmar que un experimento prueba la teoría de la inflación y que, "para no meter la pata de vuelta, todos van a estar bastante quisquillosos en validar los datos".

Argentina y su proyecto QUBIC

QUBIC es el proyecto que engloba a cerca de un centenar de científicos de Francia, Italia, Reino Unido, Irlanda, Estados Unidos y Argentina, inaugura este miércoles su observatorio en Alto Chorrillos, cuya población más cercana, San Antonio de los Cobres, está a unos 30 kilómetros.

Inicialmente se pensó en la Antártida como base, pero, además de los problemas de logística que implicaba, la “credibilidad total” alcanzada por Argentina durante los 20 años del proyecto Auger en el país suramericano, “independientemente del color político”, dio, según Etchegoyen, “confiabilidad para los proyectos de astrofísica”.

Ello, sumado a la geografía de una provincia como Salta, con altitud y sin contaminación lumínica, podría, según el deseo expresado por Platino, “generar un polo astronómico en ese lugar”.

La ciencia y el tiempo

El “instrumento”, como lo denominan los científicos, es un criostato, mide 1,20 metros de alto por unos 80 centímetros de diámetro y su ventana de observación es de unos 40 centímetros. Además, cuenta con 256 detectores que, en un futuro, “debería tener 1.000″, según detalla Platino.

“Queremos que tenga los dos planos focales para poder separar los modos B del Big Bang de los modos B generados por interacción con el pólux galáctico, que es súper importante”, asevera.

Este miércoles, autoridades como el ministro argentino de Ciencia, Tecnología e Innovación, Daniel Filmus; la presidenta de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), Adriana Serquis.

Participan además científicos como el francés Jean-Christophe Hamilton, del Instituto Nacional de Física Nuclear y Física de Partículas (IN2P3), o la italiana Silvia Masi, por la Universidad La Sapienza, de Roma.

El modo B de polarización

Nadie se atreve a hablar de plazos previstos porque, como explica García, “los tiempos son los tiempos que tenemos para tratar de descubrir lo que la naturaleza tiene para mostrarnos” y no pueden forzarse.

“Según las simulaciones para poder tener una relación señal-ruido que nos permita asegurar que lo que estamos detectando es el modo B de polarización, el tiempo estimado de adquisición de datos es 3 años, es decir, no vamos a tener una instantánea de la polarización”, expone.

Por su parte, Etchegoyen habla de “un mínimo de tres años y medio y un máximo que llega al infinito”, porque “la belleza de la ciencia” radica en que “uno hace la medición porque no sabe exactamente qué va a encontrar”, incluso, concluye, “puede ser que no exista”.

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