Según un estudio publicado en la revista Science, la clave está en que la estructura de los bigotes de elefante cambia desde la base hasta la punta, una propiedad que amplifica las señales sensoriales y permite al animal “sentir” su entorno con una precisión notable basada únicamente en el diseño del material del que están hechos.
Un órgano sensorial que compensa la piel gruesa y la mala vista
Los bigotes de la trompa no pueden moverse de forma independiente, pero presentan propiedades materiales inusuales: destacan el punto de contacto a lo largo de cada bigote y contribuyen a un sentido del tacto que compensa tanto la piel gruesa como la mala vista de los elefantes, según se lee en un informe de la Deutsche Welle.

El trabajo fue realizado por un equipo de investigadores encabezado por el Instituto Max Plack en Alemania. En sus conclusiones, observaron que los bigotes de los elefantes, al igual que los de los gatos domésticos, tienen bases rígidas que se transforman en puntas blandas con características similares al caucho.
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De la rigidez uniforme al “gradiente funcional”
La investigación contrasta esta configuración con la de otros animales: mientras los ratones presentan bigotes rígidos de manera uniforme, en el caso de los elefantes la variación de rigidez y de estructura interna desde la base hasta la punta sugiere que las propiedades del material desempeñan un papel esencial en la sensibilidad táctil.
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Esa transición progresiva —de rígido a blando— recibe el nombre de gradiente funcional.
Cómo se estudiaron los bigotes: de centímetros a nanómetros
Para caracterizar su geometría, porosidad y rigidez, los investigadores sometieron a pruebas bigotes de cinco centímetros de largo y también realizaron análisis en una escala de hasta un nanómetro (la milmillonésima parte de un metro).
Las muestras procedían de elefantes asiáticos jóvenes y adultos.
Los resultados describen un cambio gradual en las propiedades del material: desde raíces gruesas, porosas y rígidas hasta puntas finas, densas y suaves.
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Una ventaja para navegar y manipular con precisión
El estudio concluye que este gradiente funcional amplifica los cambios en la potencia de la señal y ayuda a los elefantes a determinar en qué punto del bigote se produce el contacto.
Esa capacidad aporta una ventaja tanto para la navegación como para la manipulación precisa de objetos.
Una arquitectura porosa resistente a los impactos
Además de mejorar la sensibilidad, la arquitectura porosa de los bigotes reduce su masa y aporta resistencia a los impactos. Esto permitiría a los elefantes comer cientos de kilos de comida cada día sin preocuparse por dañar unos bigotes que, según el estudio, nunca vuelven a crecer.
El investigador Andrew Schulz, citado por el Instituto Max Planck, resumió el hallazgo de este modo: “¡Es increíble! El gradiente de rigidez proporciona un mapa que permite a los elefantes detectar dónde se produce el contacto a lo largo de cada bigote”.
Fuente: Deutsche Welle
