El origen de la miopía puede estar relacionado con un hábito visual común en interiores: el enfoque prolongado de cerca en entornos con poca luz, lo que limita la cantidad que llega a la retina.
Durante años, el incremento de los índices de miopía se ha atribuido ampliamente al aumento del tiempo que se pasa frente a las pantallas, especialmente entre los niños y los adultos jóvenes. En este último grupo la sufren casi el 50 % en Europa y Estados Unidos.
El estudio
El nuevo estudio propone que la miopía puede estar menos relacionada con las pantallas en sí mismas y que “un factor subyacente común puede ser la cantidad de luz que llega a la retina durante el trabajo prolongado de cerca, especialmente en interiores”, señaló Alonso, firmante del artículo.
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Si bien la genética desempeña un papel importante, el rápido aumento, en tan solo unas pocas generaciones, sugiere que los factores ambientales también son fundamentales.
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Esta “no es una respuesta definitiva”, subrayó Alonso, citado por la SUNY, pero el estudio ofrece “una hipótesis comprobable que replantea cómo interactúan los hábitos visuales, la iluminación y el enfoque ocular.
Es una hipótesis basada en “la fisiología medible que reúne muchas pruebas existentes” y, aunque se necesita más investigación, “ofrece una nueva forma de pensar sobre la prevención y el tratamiento”.
Esa nueva hipótesis que podría ayudar a explicar por qué tantos factores aparentemente diferentes, desde el trabajo de cerca y la iluminación interior tenue hasta tratamientos como las gotas de atropina, las lentes multifocales y el tiempo que se pasa al aire libre, parecen influir en la progresión de la miopía.
Si se demuestra su veracidad, el mecanismo propuesto “podría suponer un cambio de paradigma en nuestra comprensión de la progresión y el control de la miopía”, indicó el centro universitario.
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Con luz exterior brillante, la pupila se contrae para proteger el ojo, al tiempo que permite que llegue suficiente luz a la retina, pero cuando las personas se concentran en objetos cercanos en interiores, como teléfonos, tabletas o libros, la pupila también puede contraerse, no por el brillo, sino para enfocar la imagen.
“En condiciones de poca luz, esta combinación puede reducir significativamente la iluminación de la retina”, explicó Urusha Maharjan, también firmante del artículo.
Según este mecanismo, la miopía se desarrolla cuando la iluminación deficiente de la retina no genera una actividad retiniana sólida porque las fuentes de luz son demasiado tenues y la contracción de la pupila es excesiva a distancias de visión cortas.
Por el contrario, la miopía no se desarrolla cuando el ojo está expuesto a una luz brillante y la contracción de la pupila se regula por el brillo de la imagen en lugar de por la distancia de visión.
