En el curling, un deporte de márgenes mínimos, la geología no es un telón de fondo: es parte del reglamento. Desde hace décadas, las piedras empleadas en competiciones de máximo nivel —incluidos los Juegos Olímpicos de Invierno Milán-Cortina 2026— se fabrican con roca extraída de Ailsa Craig, una pequeña isla volcánica en el estuario del Clyde, frente a la costa suroeste de Escocia.
La razón no es folclore: está en la composición mineral y, sobre todo, en una microestructura excepcionalmente estable ante golpes, frío y humedad.
Geología de élite: un granito que resiste donde otros se agrietan
Ailsa Craig es un antiguo tapón volcánico cuya “granítica” (microgranular, de grano muy fino) destaca por su baja porosidad, alta homogeneidad y resistencia a la fractura.

En términos prácticos, eso significa menos espacios internos por donde pueda infiltrarse agua y congelarse, y menos puntos débiles que se transformen en grietas bajo impactos repetidos.
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En una piedra de curling, la zona crítica es la banda de rodadura: soporta contactos constantes con un hielo abrasivo y golpes laterales en colisiones.
La textura fina del granito microgranular ayuda a distribuir tensiones y a reducir la propagación de microfisuras. En granitos más heterogéneos —con cristales más grandes o cambios abruptos de mineralogía— los límites entre granos actúan como “líneas de falla” microscópicas: la energía del impacto y los ciclos de frío favorecen la aparición de microgrietas, desconchados y pérdida de comportamiento uniforme.

La industria ha probado rocas de distintos países, pero muchas fallan en lo que los fabricantes describen como una combinación de choque térmico y mecánico: absorben más humedad, se degradan antes o muestran variaciones internas que, en un deporte de precisión, se traducen en trayectorias menos predecibles y mayor mantenimiento.
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Una isla estratégica: singularidad geológica e historia de un monopolio natural
Ailsa Craig es, en la práctica, un monopolio geológico. No se trata solo de “granito escocés”, sino de una roca muy específica de un cuerpo volcánico singular.

La extracción, además, tiene historia: desde el siglo XIX se identificó que este material ofrecía una durabilidad y consistencia difíciles de replicar, y se consolidó una cadena de suministro especializada para piedras de competición.
Ese origen único convierte la cantera en un recurso finito. Para sostener la demanda global —pequeña en volumen, enorme en exigencia— la industria trabaja con extracción controlada y espaciada, y con reservas de material que permiten producir y reemplazar componentes sin depender de una explotación continua.
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Cuando la geología define el reglamento: estandarización y equidad olímpica
El World Curling y los organizadores de eventos internacionales establecen especificaciones sobre peso, dimensiones y desempeño. Pero la estandarización real depende de propiedades materiales: dureza, porosidad y respuesta al impacto.

Si el material varía demasiado, la “igualdad” entre equipos se vuelve frágil: una piedra que se astilla, absorbe agua o cambia su fricción efectiva con el hielo altera el juego.
Por eso, más que una preferencia, el granito de Ailsa Craig funciona como una referencia industrial: reduce incertidumbres y hace viable que distintas partidas —y distintos Juegos— se jueguen con comportamiento comparable.
170 años de ingeniería: de roca volcánica a precisión milimétrica
Convertir un bloque en una piedra olímpica es un proceso de ingeniería: corte, torneado, balanceo, control de tolerancias y selección por lotes para emparejar comportamiento.

La fabricación incluye controles de calidad para detectar microdefectos (desde inspecciones visuales y mediciones hasta verificaciones de uniformidad) y asegurar que cada piedra responda igual bajo frío, golpes y deslizamiento prolongado.
Así, Ailsa Craig no es solo un punto en el mapa: es un recordatorio de que, en el deporte de élite, la diferencia entre ganar y perder puede empezar millones de años antes, en la historia geológica de una isla.
