La pirámide de Marte no es obra extraterrestre: esto dice la ciencia

La pirámide marciana que causa sensación.
La pirámide marciana que causa sensación.NASA/UNIVERSITY OF ARIZONA

La reciente viralización de una supuesta pirámide en Marte ha suscitado fascinación global, desatando teorías de civilizaciones extraterrestres, mientras que expertos como Pascal Lee proponen análisis geológicos que revelan la complejidad detrás de semejantes percepciones en el paisaje marciano.

Una nueva ola de especulaciones desde un paisaje aparentemente inmóvil

A primera vista, Marte puede parecer un mundo sin grandes sobresaltos: un territorio rojizo, cubierto de polvo y rocas, moldeado durante miles de millones de años por el viento y la erosión. Sin embargo, ese entorno que muchos consideran monótono sigue siendo terreno fértil para relatos que se difunden con rapidez por todo el mundo, impulsados por imágenes llamativas y lecturas sugerentes del paisaje.

La pregunta que subyace en esta ocasión es directa: ¿se trata de una pirámide alienígena? La respuesta, más allá de las teorías conspirativas, apunta a algo distinto: este tipo de interpretaciones dice tanto del universo como de nosotros mismos.

Qué es la supuesta “pirámide” y dónde se encuentra

La historia más reciente gira en torno a una formación rocosa que, vista desde el espacio, recuerda de manera llamativa a una pirámide.

Candor Chasma, Marte.
Candor Chasma, Marte.

La estructura se ubica en Candor Chasma, un enorme valle dentro del gigantesco sistema de cañones Valles Marineris, considerado uno de los más grandes del planeta, según se lee en un informe de Deutsche Welle.

De dónde salen las imágenes que alimentan el relato

Las imágenes que han impulsado la conversación no son nuevas. Según la información disponible, proceden de misiones orbitales de la NASA y, según archivos del Mars Global Surveyor, la formación ya estaba identificada en 2001.

La figura también había sido mencionada en análisis basados en esas imágenes orbitales, incluido un artículo publicado en TSI Journals en 2017, señal de que su aspecto llamaba la atención desde hace años, aunque de forma más discreta.

El episodio se suma a una dinámica recurrente en torno al planeta rojo: formaciones naturales captadas desde el espacio que, por su apariencia, activan interpretaciones rápidas y narrativas de alto alcance. En un entorno esculpido durante eones por procesos como la erosión, ciertas perspectivas pueden convertir una estructura rocosa en un símbolo, y una fotografía en el motor de una historia global.

La reaparición de la “pirámide”

El repunte del interés llegó ahora, en marzo, cuando —según reportaron varios medios— el cineasta Brian Cory Dobbs compartió en redes sociales una imagen procesada en 3D.

El tratamiento visual, que recortaba gran parte del paisaje circundante, resaltó la geometría triangular y favoreció que el contenido se viralizara. A partir de ahí, proliferaron interpretaciones sobre posibles ruinas extraterrestres, reforzadas por comparaciones en redes sociales con la Gran Pirámide de Giza.

Vista panorámica de la gran Esfinge de Giza esculpida en roca caliza junto a la Pirámide de Kefren en El Cairo Egipto
Vista panorámica de la gran Esfinge de Giza esculpida en roca caliza junto a la Pirámide de Kefren en El Cairo Egipto.

Sin embargo, los análisis científicos apuntan a otra explicación.

Una explicación geológica: por qué no es una pirámide construida

El atractivo visual de la estructura es innegable: crestas que convergen con fuerza y superficies que, según el ángulo, evocan una pirámide monumental. Pero, como ocurre con frecuencia en fenómenos virales de este tipo, la apariencia puede resultar engañosa.

Los mapas geológicos del USGS ubican esta formación dentro de un relieve relativamente común en Candor Chasma: colinas aisladas asociadas a los depósitos estratificados internos.

Estas estructuras se originan a partir de capas de sedimentos acumuladas en el fondo del cañón que, con el tiempo, se consolidan y quedan expuestas a medida que la erosión elimina el material circundante durante largos periodos geológicos.

En el modelado del paisaje intervienen diversos procesos, entre ellos:

  • Erosión por viento
  • Rastros de agua antigua
  • Deslizamientos de terreno

En la tenue atmósfera marciana, el viento puede transportar partículas de arena que desgastan la roca, ayudando a esculpir aristas y superficies angulosas. Esto contribuye a que algunas colinas adopten formas que parecen “geométricas”.

Además de su forma, la estructura destaca por su tamaño. De acuerdo con estimaciones basadas en imágenes orbitales del Mars Global Surveyor citadas por Science Alert, tendría alrededor de 290 metros de diámetro, una dimensión aproximadamente comparable a la base de la Gran Pirámide de Giza.

Aun así, el contexto geológico es clave: la supuesta “pirámide” encaja dentro de un paisaje mayor compuesto por colinas y macizos aislados, moldeados por procesos similares.

Ejemplos en la Tierra: la erosión también produce perfiles piramidales

La Tierra ofrece paralelos que ayudan a poner el fenómeno en perspectiva. Algunas montañas adquieren perfiles sorprendentemente piramidales debido a la erosión y otros procesos geológicos, lo que muestra que una geometría regular no implica necesariamente una construcción artificial.

Cerro Tusa, Colombia.
Cerro Tusa, Colombia.

Entre los ejemplos citados por Science Alert figuran:

  • Cerro Tusa (Colombia), con unos 457 metros sobre el terreno circundante y una base de aproximadamente 1,8 kilómetros de ancho.
Provincia china de Guizhou.
Provincia china de Guizhou.
  • Cumbres de perfil triangular en la provincia china de Guizhou, asociadas a procesos naturales.

Lo que ven los especialistas: “no parece una pirámide construida”

El científico planetario Pascal Lee, del Mars Institute y el SETI Institute, abordó el caso en el programa “Jesse Weber Live”, según recogió NewsNation. Su evaluación fue directa: “Para mí, nada de lo que veo aquí me hace pensar en una civilización extraterrestre”.

A su juicio, las caras del relieve no exhiben la planitud ni la regularidad propias de una pirámide hecha por arquitectos; más bien parecen capas de roca expuestas tras largos periodos de erosión.

Pareidolia: por qué el cerebro detecta “señales” donde no las hay

Más allá de Marte, el episodio apunta a un elemento humano: nuestra tendencia a reconocer patrones familiares incluso cuando no existen. Este fenómeno se conoce como pareidolia.

En imágenes de exploración espacial han circulado supuestas “arañas”, “puertas alienígenas”, “caras”, gatos o incluso “cabañas” en Marte o la Luna.

Tras análisis más detallados, estos casos suelen resolverse como formaciones rocosas, un patrón que ya había sido documentado previamente.

El ejemplo más conocido es la “Cara en Marte”, fotografiada por Viking 1 en 1976: durante décadas alimentó teorías sobre civilizaciones marcianas, hasta que imágenes posteriores mostraron que se trataba de un efecto de luces y sombras.

El astrónomo Carl Sagan vinculó esta inclinación a una raíz evolutiva: para nuestros ancestros era más seguro confundir un arbusto con un león que ignorar un peligro real.

También en el siglo XIX, el astrónomo Percival Lowell invirtió una considerable fortuna en fotografiar lo que interpretó como canales artificiales en Marte. Llegó a declarar en el New York Times que eran prueba inequívoca de “vida constructiva inteligente”, pero las mismas fotografías que usó para sostener la teoría terminaron siendo parte central de su desacreditación.

Marte, sin necesidad de civilizaciones perdidas

El planeta rojo no necesita civilizaciones desaparecidas para fascinar. Su historia geológica —marcada por antiguos procesos relacionados con agua, deslizamientos de tierra, vientos intensos y posible actividad tectónica— ya ha producido paisajes que pueden parecer irreales.

La “pirámide” de Candor Chasma tendría, así, una explicación geológica. Y aun con ello, Marte mantiene preguntas más profundas abiertas. Como recuerda Pascal Lee, la superficie actual es extremadamente hostil para la vida, pero la posibilidad de que exista bajo el suelo marciano sigue siendo una hipótesis que merece explorarse.

Fuente: Deutsche Welle