"Evidentemente nuestros hijos deben poder beneficiarse del espacio digital sin que se vea comprometida su seguridad, su salud o su desarrollo", destacó la ministra francesa de la Inteligencia Artificial, Anne Le Hénanff, que presidió una reunión en París dedicada a cuestiones digitales con sus homólogos o representantes que agrupa a siete de los países más ricos.
En conferencia de prensa al término del encuentro, Le Hénanff se felicitó del consenso alcanzado en ese punto por Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, el Reino Unido, Italia y Canadá y dijo que no se hubiera podido imaginar que se lograsen "tales compromisos sobre la protección de los menores por los países del G7".
Esos compromisos figuran en una declaración común que según desgranó la ministra francesa, se asientan en varios aspectos, como una verificación de la edad "respetuosa de la vida privada", garantizar la seguridad y la protección de los menores desde que se conciben los servicios digitales o la disponibilidad de herramientas de control parental "más accesibles".
Asimismo "la lucha contra los contenidos ilícitos, en particular los pederastas y las imágenes íntimas no consentidas", la formación en materias digitales y de inteligencia artificial y la igualdad entre hombres y mujeres, y todo ello con una cooperación reforzada.
Para la ministra francesa, que consideró "una verdadera victoria" para su país haber logrado integrar esa prioridad propia en la declaración final, se mostró menos expansiva cuando tuvo que abordar uno de los puntos de la agenda en los que había más divergencias, en particular con Estados Unidos, el del impacto medioambiental del desarrollo de la inteligencia artificial.
Sobre esa cuestión, indicó que se limitó a señalar que los miembros del G7 habían convenido en que "es necesario discutir de este tema. Es lo que hemos obtenido de Estados Unidos. Es un enorme paso adelante. Al comienzo de las discusiones no estábamos ahí. Por tanto lo hemos conseguido a fuerza de hablar".
La ministra estimó que "la inteligencia artificial plantean una cuestión fundamental, que es la de la sostenibilidad energética y su resiliencia".
Francia quiso aprovechar su presidencia del G7 para poner esa cuestión en el centro de la agenda internacional y al final de la reunión el mensaje de sus países miembros, siempre según le Hénanff es que "no habrá inteligencia artificial sostenible sin infraestructuras resilientes, sin una energía fiable y sin utilizar de forma más eficaz los recursos".
No quiso entrar en la cuestión de que Estados Unidos se opone a que se establezcan constricciones medioambientales a la construcción de centros de datos, que consumen grandes cantidades de energía y de agua.
Estados Unidos fue el país del G7 que estuvo representado en París al nivel más bajo en términos de jerarquía de su administración, por el consejero científico del presidente Michael Kratsios, del que Hénanff dijo que se había mostrado "positivo y constructivo".
Uno de los ejes de la declaración final es que los siete países pretenden "reforzar la confianza en la inteligencia artificial", lo que implica que sea "segura, responsable y centrada en las personas", asentada en los principios de lo que se conoce como el 'proceso de Hiroshima', al que se han sumado con la ocasión de la ministerial de París 56 empresas más.
Otro es que hay que "democratizar la inteligencia artificial para apoyar el crecimiento económico", lo que significa sobre todo, según la ministra francesa, que "los beneficios no estén reservados a unas pocas grandes empresas", sino que irrigue a toda la sociedad y a las pymes.
Para conseguirlo, el G7 adoptó una visión común para establecer una mejor definición de los grados de apertura de la inteligencia artificial, algo que Le Hénanff consideró "necesario e incluso esencial para favorecer la innovación y la investigación".
Detrás de esa cuestión está la voluntad de muchos actores del mundo digital que reivindican modelos abiertos de la inteligencia artificial para evitar que se convierta en un dominio reservado de los grandes grupos.
